Del Homo Superdepredador al Homo Ecologicus

(Michel Odent))

 

Muy a menudo, solemos afirmar que la solución a nuestra crisis ecológica necesitará cambios en la investigación científica, en las actividades económicas, en las estructuras sociales y políticas, en nuestros sistemas de valores y concepciones filosóficas. No ha sido aún reconocido que la solución del conflicto entre la humanidad y el planeta Tierra depende, primero y sobre todo, de como el Homo evoluciona(1). Necesitamos un tipo de mutación no-genética, iniciada por necesidad, razón y conocimiento científico, si queremos que el planeta sostenga vida humana en el futuro. Si el planeta se queda inhabitable – una hipótesis que no debemos eliminar -, eso implica que el ²Homo Superdepredador² habrá Ganado al ²Homo Ecologicus². El Homo Ecologicus será caracterizado por una tendencia a unir y establecer una conciencia global, así como por una habilidad para desarrollar un respeto fundamental hacia la Madre Tierra. En fin, los problemas más urgentes con los que la Humanidad tiene que enfrentarse están relacionados con los diferentes aspectos de la capacidad de amar, incluso el interés compasivo por las generaciones venideras.

 
Es por eso que la cientificación del amor debe estar reconocida como un aspecto vital de la revolución científica. En 1979, cuando publiqué “Genese de l'homme écologique”, era obviamente prematuro alzar estas preguntas. Aun aquellos que eran ya conscientes de la vulnerabilidad de la Tierra y se calificaban de “ecologistas”, no estaban preparados para asociar la palabra “ecológico” con el término “ser humano”. El editor francés intentó (sin éxito) convencerme de que el concepto de “homme écologique” no vendía, comparado con el término “parto”, que debería ser la palabra clave en el título. El editor alemán tomó la iniciativa de traducir el título original por “Die Geburt des Menschen” (el nacimiento de la humanidad).
 
Durante la primera década del siglo XXI, tenemos razones urgentes para reformular las mismas preguntas. La conciencia ecológica se vuelve cada vez más fuerte, como resultado de un gran número y una gran variedad de síntomas de la “sobrecarga del planeta”. Los problemas con los que la humanidad tiene que enfrentarse han sido seriamente analizados. Los ámbitos científicos y tecnológicos actuales indican soluciones. Más que nunca, debemos preguntarnos qué tipo de ser humano será finalmente capaz de concentrarse en la salud del planeta como nueva prioridad.
 
La primera década del siglo XXI es también una época donde una acumulación de datos científicos da respuesta a nuevas preguntas paradójicas tales como: “¿Cómo se desarrolla la capacidad de amar?” Hoy en día, cuando combinamos datos proporcionados por disciplinas tan diversas como la etología, los experimentos con animales, el estudio de los efectos en el comportamiento de las hormonas (particularmente de la oxitocina) involucradas en los diferentes episodios de nuestra vida reproductiva, y la “investigación en salud primal”, el período que rodea el nacimiento aparece como el vínculo crítico en la cadena de acontecimientos sobre los cuales se puede actuar eficazmente. Es también el vínculo crítico que todas las sociedades recurrentemente han perturbado.
 
El Homo Superdepredador apareció cuando nuestros ancestros empezaron a invertir las estrategias de supervivencia. Comenzaron a transformar el medio ambiente y a adaptarlo a sus necesidades. Hasta este momento, todos los animales, incluso los primates humanos, habían sobrevivido adaptándose al medio ambiente. En principio, la aparición del Homo Superdepredador no se puede disociar de la domesticación de las plantas y de los animales. Desde que se erigió y desarrolló esta barrera con el resto del reino animal, las sociedades más exitosas son aquellas que han desarrollado el potencial humano hacia la agresión, mientras moderaban el desarrollo de la capacidad de amar. Así, podemos explicar las ventajas evolutivas del control del parto por los medios culturales, y la difusión de creencias y rituales que interfieren con los procesos fisiológicos y rutinariamente perturban, en particular, la interacción vital entre la madre y el recién nacido (por ejemplo creencias sobre “los efectos perjudiciales del calostro” y los “peligros del primer contacto de ojos”, así como rituales tales como cortar el cordón y lavar urgentemente al bebé).
 
Hoy, la historia de la humanidad se encuentra en un punto decisivo. La dominación de la naturaleza ha alcanzado sus límites. El Homo Superdepredador puede ser presentado como la única criatura viva suficientemente inteligente como para destruir el planeta (o devolverlo a los virus). La historia del parto también está en un punto decisivo. Aunque todas las sociedades conocidas siempre tuvieron una tendencia a interferir en el proceso del nacimiento, hasta hace poco una mujer no podía tener un bebé sin segregar un cóctel complejo de “hormonas del amor”. Por primera vez en la historia de la humanidad la mayoría de las mujeres, en muchos países, son madres sin que su cerebro se haya impregnado de esas hormonas. Cuentan con sustitutos hormonales farmacológicos que no son “hormonas del amor”. Por ejemplo, una anestesia epidural puede sustituir la secreción de endorfinas, y un goteo de oxitocina sintética puede sustituir la hormona natural. Además, una gran proporción de bebés nacen por cesárea. Estamos en posición de entender que este aspecto particular de dominación de la naturaleza debería estar colocado en la primera página del orden del día planetario.
 
Obstáculos.
La prioridad es reconsiderar de forma radical y urgente cómo nacen los bebés, para crear situaciones en las cuales la mayoría de las mujeres puedan dar a luz gracias a la secreción de ese complejo cóctel de hormonas del amor. El mayor obstáculo es un malentendido cultural muy enraizado de las necesidades básicas de una mujer durante trabajo de parto y de los recién nacidos, compartido por círculos médicos y también movimientos preconizando el parto natural.

Para demostrar la extensión de esta falta de entendimiento en la fisiología del parto, solamente hace falta resumir la manera en como el proceso de parto puede estar interpretado con el lenguaje fisiológico moderno. Después, nos daremos cuenta de que la mayoría de las recomendaciones transmitidas por libros populares y que las actitudes más comunes en los centros de nacimiento son inaceptables en el contexto científico actual. Los datos fisiológicos no están bien asimilados, particularmente en los movimientos de parto natural.
Nuestro entendimiento de la fisiología del parto está basado primero en la adrenalina (el antagonista de la oxitocina). Cuando los mamíferos segregan adrenalina, no pueden segregar el mayor componente del flujo de hormonas que permiten contracciones uterinas eficaces. En otras palabras, la condición previa para que se establezca bien el trabajo de parto es que los músculos estén en reposo. Cuando todos los músculos están en reposo, como cuando la madre está acostada de lado o pasiva a cuatro patas, la energía gastada es ligera, y la necesidad de carbohidratos es mínima, en la medida en que la glucosa es el combustible favorito de los músculos.

Sin embargo, es frecuente comparar una mujer en trabajo de parto con atletas a quien se les aconseja tomar gran cantidad de carbohidratos, proteínas y líquido antes de empezar un esfuerzo físico extremo. Autores de artículos de nutrición durante el trabajo de parto aconsejan la necesidad de aprender de la medicina deportiva. Muchos médicos atendiendo partos están bajo la influencia de estas comparaciones y alientan a las mujeres a comer alimentos tales como pasta al comienzo del parto, y beber algo dulce una vez el trabajo haya empezado: “¡Necesitas energía!”. Comparar una mujer parturienta con corredores de maratón es erróneo y potencialmente peligroso. Los efectos secundarios del azúcar durante el trabajo de parto están bien documentados. (4). Un médico atendiendo un parto debería saber que los azúcares puros tienden a bajar ambos el umbral del dolor y el nivel máximo de dolor tolerado.(5).

Además, está comprobado que cuando se le da a la madre una infusión que contenga glucosa, la intensidad de la ictericia en el bebé recién nacido es mayor. (6). Los fisiólogos pueden explicar el porqué. Tenemos que añadir que, cuando una mujer en trabajo de parto no tiene la necesidad de levantarse y caminar, es una buena señal, porque quiere decir que su nivel de adrenalina está probablemente bajo. Esto es una condición previa para un parto fácil. Durante la primera fase de un parto fácil y rápido, las mujeres son a menudo pasivas, por ejemplo a cuatro patas o tumbadas. Sin embargo es frecuente aconsejarles caminar, y transmitir la idea simplista de que la gravedad ayudará el descenso del bebé. Sugerir cualquier actividad muscular en esta fase puede ser contraproducente, incluso cruel.
Una reducción de la actividad del neocórtex (el cerebro del intelecto) es otro aspecto importante de la fisiología del parto en humanos. Es una solución que la Naturaleza encontró para proteger a la mujer de las múltiples inhibiciones relacionadas al condicionamiento cultural. Cuando una mujer pare sola, sin medicación, llega un momento en el que presenta una tendencia obvia a ausentarse del mundo, como si “estuviera en otro planeta”; se atreve a hacer lo que una mujer “civilizada” nunca haría en su vida social cotidiana, por ejemplo gritar o decir palabrotas; puede que se encuentre en la postura primitiva más inesperada, a menudo a cuatro patas, haciendo ruidos de los más inesperados. Cuando la futura madre está como en ese estado, significa que la actividad de su neocórtex ha reducido.

Esta reducción necesaria del control neocortical nos lleva a entender que una mujer en trabajo de parto necesita primero estar protegida de cualquier tipo de estimulación de su neocórtex. Sin embargo, los que atienden partos, sin ninguna cautela, constantemente utilizan el lenguaje: el estimulante específicamente humano del neocórtex. En la edad de la electricidad, pocos médicos atendiendo partos parecen darse cuenta de que la luz es otro estimulante bien conocido del neocórtex. Nuestro neocórtex se activa cuando nos sentimos observados. Sin embargo, la privacidad no está reconocida como la necesidad básica de una mujer dando a luz. Libros tratando el “parto natural” están llenos de imágenes normalizadas transmitiendo el mensaje equivocado: una mujer en trabajo de parto rodeada de dos o tres personas mirándola (¡más una cámara!). Nuestro neocórtex también se activa cuando hay un posible peligro: sentirse segura es una necesidad básica durante el trabajo de parto. Esta necesidad estaba tradicionalmente cubierta por la cercanía de una madre experimentada (o abuela). Esta es la raíz del papel de la comadrona.

La comadrona es originariamente una figura materna. En un mundo ideal, nuestra madre es el prototipo de la persona con quien uno se siente seguro...sin sentirse observado o juzgado. Sin embargo, en países donde la comadrona no desapareció por completo, se ha convertido en un miembro del equipo médico. En el movimiento de parto natural, el que atiende partos se ha vuelto un “entrenador”. Las necesidades básicas de la mujer que pare serán más fácilmente cubiertas cuando se haya redescubierto el papel auténtico de la comadrona. Redescubrir las necesidades básicas de las mujeres que paren llevará a redescubrir el papel específico de la autentica comadrona, como una figura materna independiente.

En términos fisiológicos, es también fácil reconocer las necesidades básicas de una madre y un bebé durante el corto período entre el nacimiento en sí y la expulsión de la placenta. Durante este corto período, las diferentes hormonas segregadas por la madre y el feto durante las últimas contracciones uterinas no han sido aún eliminadas. Cada una de ellas tiene que jugar un papel específico en la interacción entre la madre y el bebé. En esos momentos, el suceso más importante desde una perspectiva fisiológica, es que las madres son capaces de producir el nivel más alto de oxitocina justo después del nacimiento del bebé. Esta cúspide en los niveles de oxitocina es claramente vital, porque es necesaria para una expulsión segura de la placenta sin pérdida de sangre significativa, y porque la oxitocina es el mayor componente del flujo de hormonas responsable del amor materno. Esta secreción de oxitocina depende altamente de factores ambientales. Primero, la temperatura del entorno debe ser lo más caliente posible.
 
Tampoco debe estar distraída la madre mientras descubre a su bebé. Sin embargo, he escuchado muchas anécdotas de madres que estaban tiritando justo después del nacimiento, obviamente porque el lugar no estaba suficientemente caliente y porque no había mantas inmediatamente disponibles. Además, parece que estuviéramos inventando constantemente nuevas razones para distraer a la madre justo después del nacimiento del bebé. Cortar el cordón antes de la expulsión de la placenta es una de estas mil razones. El hecho de que las necesidades de las madres y de los recién nacidos no sean comprendidas y no puedan estar cubiertas en entornos convencionales donde tienen lugar los partos, desemboca en la necesidad de bloquear rutinariamente la secreción de la hormona natural del amor a través de la oxitocina sintética para prevenir hemorragias. La característica principal de la industrialización del parto (la necesidad de recurrir a fármacos, la necesidad de cesáreas (7), el declive del papel auténtico de la comadrona, la participación rutinaria del padre del bebé, etc.) son consecuencias visibles de la falta de entendimiento cultural de la fisiología del parto.
Hay muchos otros obstáculos a la evolución hacia el Homo Ecologicus, y finalmente hacia sociedades ecológicas. Sin embargo, el foco debería situarse en el período que rodea al nacimiento, que es rutinariamente perturbado. Este período es considerado crítico en tiempos en los que los avances científicos nos ayudan a formular nuevas preguntas y a entender cómo se desarrolla la capacidad de amar. El conocimiento científico puede despertar conciencia. El advenimiento del “Homo Ecologicus” no es utópico. En la edad de la Cientificación del Amor, hay razones de esperanza y optimismo. (8) La humanidad tiene las llaves para inventar nuevas estrategias de supervivencia. Puede que nos acerquemos al momento tan precozmente anticipado por Teilhard de Chardin en 1934. Afirmaba entonces que, después de dominar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad, los humanos aprenderían a dominar las energías del Amor. Será entonces cuando, por segunda vez en la historia del Mundo, el Hombre habrá descubierto el fuego.
Michel Odent