El placer y el dolor en el parto

Consuelo Catalá

 

 

Desde mi conocimiento las sentencias bíblicas “Parirás con dolor”, “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, “Multiplicaos y dominad la tierra”, parecen anunciar algo nuevo, parece que quieren inaugurar una etapa diferente a la anterior. Casilda Rodrigañez ha profundizado mucho en ello y os invita ella y yo misma a penetrar en los procesos seguidos en otras culturas o civilizaciones.

Desde mi experiencia, el haber vivido cuatro años y realizado la especialidad de Obstetricia y Ginecología en Cuba me dieron la posibilidad de observar como parían las mujeres de orígenes bien diferenciados, aunque llevasen años conviviendo en la misma pequeña isla del Caribe. También han podido observar distintas formas de parir las personas que se han desplazado a otras latitudes y se han adentrado en el mundo de la partería.
Cuba, en los primeros años de la década de los noventa, cuando la Unión Soviética sucumbía, el muro de Berlín se derrumbaba, y el capitalismo galopaba sin fronteras, dejaba de recibir y de intercambiar su economía con el bloque socialista. En aquellos momentos en Cuba convivían una poquita población india, en el centro de la isla, que sobrevivieron al exterminio de los españoles, pero con esta pequeña población nunca pude entrar en contacto. En La Habana convivían la población de origen español, en gran número hijos de emigrantes gallegos, la población negra hijos de los esclavos traídos del África, y una gran población mulata, fruto del intercambio en la isla. También vivían y parían en La Habana un número importante de mujeres de Europa del Este que se encontraban allí en misiones diplomáticas, técnicas o de otro tipo.
Trabajar en un par de Hospitales Materno Infantiles como allí se llamaban, me permitió acompañar y estar cerca de esta variedad de mujeres cuando parían y poder observar algunas diferencias. Entre ellas:
. la facilidad con que parían generalmente negras y mulatas. la normalidad con que lo hacían las checas, alemanas, rusas, ... y las dificultades mayores que surgían en la población descendiente de españoles. El trabajo de parto transcurría en una sala de dilatación donde las mujeres estaban sentadas, balanceándose en las clásicas mecedoras latinoamericanas, sin intervenciones tipo enemas, colocación de vías y mucho menos sueros con oxitocina, tenían libertad para levantarse e ir al baño, la anestesia peridural estaba reservada para la práctica de las cesáreas, cuyo índice rondaba el 20%. La compañía era muy restringida y tampoco muy solicitada por las mujeres. Se auscultaba los bebés cada 15 minutos con la trompetilla de Pinnard. Cuando se apreciaba que aparecía alguna dificultad se acompañaba a las mujeres a unas habitaciones con dos camas donde tenían la monitorización continua, la atención más privada e individualizada y la tecnología necesaria.
Yo hice mis conjeturas al respecto:
. las mujeres negras y mulatas mantenían sus costumbres y creencias africanas, sus cantos y bailes a pesar de haber sufrido la imposición de la religión católica y haber accedido a la alfabetización y a la educación socialista. Su trabajo hasta hacía muy poco ligado al esclavismo en el campo y al servicio de sus dueños, un tiempo españoles y otro yankees antes de la Revolución en 1959, era un trabajo mucho más movido que el del resto de la población, el uso del transporte público, otro factor, ...
. las mujeres de la Europa del Este no habían interiorizado en la cultura de sus países la medicalización del parto como lo hizo EE.UU. o algunos países de Europa Occidental, básicamente España, y por tanto afrontaban el hecho de parir de forma normal como pueden hacerlo gran cantidad de mujeres de la Europa Nórdica o de Centro Europa. Su estructura corporal alta y amplia, que no se correspondía con niños excesivamente mayores, hacía de sus partos hechos fisiológicos vividos con normalidad.
. las mujeres descendientes de españoles, estaban más imbuídas de la cultura estadounidense, dominante en los años anteriores a la Revolución, defensoras de los valores de intervención médica, de la atención hospitalaria, de la medicalización de la vida en general, y además en la sociedad tenían mayor prevalencia entre las clases del sector terciario, es decir, el sector de los servicios con lo que ello conlleva de sedentarismo. Todo ello daba como resultado unos partos algo más difíciles que los demás.
A pesar de poder tener esta rica experiencia, no la explicité en ningún estudio, ni conocí ninguno realizado al respecto.
Antes de estos cuatro años en Cuba, había trabajado anteriormente en España, concretamente en Tarragona, en el Hospital Juan XXIII, en la década de los años 80, que fue el tiempo en que se medicalizó el parto en España, con la administración endovenosa de oxitocina y se inmovilizó a las mujeres con la excusa de auscultar bien a los bebés. Se cerró la Escuela Universitaria de Comadronas durante 7 años. La clase médica se había hecho dueña del manejo de los partos. Y así se empezó a sobrevalorar el llamado “parto médico dirigido” como el parto ideal y el más seguro.
Cuando ahora empezamos a hablar de mutilación genital cuando nos referimos a la episiotomía rutinaria, también podemos referirnos a la dirección del parto en aquellos años, como situación de humillación y de tortura para las mujeres, que al no poderlo soportar gritaban para que se les administraran drogas tipo dolantina y haloperidol, para disminuir el dolor, cosa que les llevaba a situaciones verdaderamente denigrantes.
Esta fue la conducta médica generalizada que llevó a las mujeres a clamar a favor de la anestesia peridural. En los países donde la clase médica no pudo imponerse por encontrar la resistencia de las comadronas y del movimiento feminista, en general, todavía hoy no existe el clamor a favor del parto con anestesia peridural. (1)
Podemos tener presente entonces, que la vivencia de los partos de las últimas generaciones en España no corresponden en nada a la vivencia de un parto normal.
Dicho todo esto y a pesar de ello el tema del “parto sin dolor” ha sido un tema muy actual desde principios de siglo en la Unión Soviética, tras los descubrimientos de Pavlov, de los reflejos condicionados. Rápidamente en Europa, Lamaze, en América, Read, y sus colaboradores y discípulos intentaron dar conocimientos a las mujeres y aplicar técnicas para hacer más llevadero e incluso satisfactorio el trabajo de parto.
Razones para entender que el parto no debería doler hay muchas:
. la presión cultural, la desde la maldición bíblica a la coacción que realizamos sobre la sexualidad de los niños y especialmente de las niñas desde que nacen.

Saber que ninguna función fisiológica duele cuando se realiza, sino que al contrario supone una satisfacción. Dormir cuando se tiene sueño, comer cuando se tiene hambre, ...
. Conocer como los mamíferos paren la mayoría de las veces sin ninguna expresión de dolor, ... Pero en realidad, ¿qué ocurre?, aquí y ahora.
Cuando me propusieron que participara con este tema en esta mesa redonda, pensé: otra vez me voy a meter en camisa de once varas, pero a continuación reflexioné y dije si no hablo yo, “nosotras” ¿quién va a poder hacerlo?. “Nosotras” porque hemos parido y nosotras porque asistimos los pocos partos que actualmente se protagonizan en España sin anestesia epidural, por tanto capaces de evaluar hasta que punto “placer”, hasta que punto “dolor”.
No quería hablar yo en nombre de las mujeres, ni aventurarme a realizar interpretaciones de sus vivencias.
Desde que hace más de diez años que asisto partos en casa, antes con Titània, o en Acuario, ahora en Migjorn y antes en Cuba, y siempre he pedido a las mujeres que me hablaran y también que me escribieran sobre sus vivencias del parto, los mejores momentos, los peores, lo inolvidable, ¿se cumplieron sus expectativas?, el acompañamiento, ...
Pero ahora me pedían en concreto hablar del placer y del dolor en el parto. Repasé muchos escritos, muchas vivencias se actualizaron en mi memoria, pero no me parecían suficientemente explícitas para responder bien a la cuestión “placer y dolor en el parto”. Por ello opté por escribir a un número importante de mujeres a las que pude localizar y les planteé directamente la cuestión. He obtenido bastantes respuestas y a ellas me voy a referir a continuación y van a dar contenido a mi presentación.
Ya en otra ocasión hablé de "partos regalados", partos que son un regalo para la mujer, la pareja y las personas que pueden compartirlos. Partos que en los términos de esta presentación podría nombrar como "partos placenteros".
El parto transcurre con normalidad, la dinámica uterina, las contracciones van sucediéndose de forma cada vez más rítmica y profunda La mujer tiene la sensación de estar sumida en las contracciones abriéndose como los pétalos de una flor, al compás de las olas del mar, ... Todo el progreso del parto se realiza de una manera muy armónica, sin prisas, con los períodos propios de un parto normal, tiempos de mayor dinámica, pausas para el descanso, la compenetración y el contacto con el/la bebé que se siente plenamente integrad@ en el trabajo,
La mujer siente, expresa, puede verbalizar o no que se ha podido "abandonar", "dejarse ir", siente que su mente, su estado consciente, de atención, de alerta, queda atrás, en segundo término. La sensación de pujo sorprende a la mujer, no necesita pensar en él, ni provocarlo, ni reforzarlo, ni que nadie se lo insinúe, y mucho menos que se lo dirijan, sentir la presión de la cabecita dentro de la pelvis, en plena vulva e iniciando su camino al mundo exterior es una gozada, Tocar esta cabecita y cerciorarse de que todo lo que siento es cierto,