Pero para
conseguir que el bebé experimente un nacimiento sin
violencia, la madre necesita también vivir un parto sin
violencia. Un parto a su medida, a su ritmo, con sus
necesidades y su idiosincrasia cubiertas y respetadas. Hay
que potenciar un ambiente familiar, intimidad y liberad de
movimientos. Hay que evitar manipulaciones médicas
innecesarias.
Esto es lo que desarrolló el Dr. Odent cuando en los años
70, intrigado por la fascinación que les producía el agua
a las mujeres en trabajo de parto, introdujo una bañera en
el paritorio. De este modo descubrió que el uso del agua
caliente en el parto, podía tener efectos beneficiosos,
complementarios entre sí.
Un efecto fisiológico sobre la mujer, disminuyendo el
dolor y facilitando la dilatación cervical. Y un efecto
etológico sobre los asistentes al parto, motivándoles a
respetar la intimidad de la mujer y a suprimir
intervenciones inútiles. En definitiva, permitiendo que la
fisiología femenina se manifieste en su máxima expresión.
Historia y cultura
El agua ha
sido símbolo de fertilidad y maternidad en toda época,
lugar y cultura. El agua, la espuma, el sexo.
La vida comenzó en el océano y nuestro paraíso terrenal
durante los meses de gestación se encuentra en el líquido
amniótico, salado como el mismo mar.
Afrodita,
la diosa del amor, nació de la espuma de las olas.
Leyendas de maorís y de indios americanos; en la antigua
Grecia y en Egipto; todos estos pueblos usaban el agua en
el nacimiento.
En algunos pueblos costeros del Japón, las mujeres daban a
luz en el mar. Al igual que el Pacífico Sur.
En África, también muchas tribus usan la ribera del río
para dar a luz. Al igual que en Mongolia y la Guyana.
Médicamente, el primer parto documentado tiene lugar en
Francia en 1803. Tras 48 h de parto, una comadrona sugirió
un baño de agua caliente. Al poco tiempo el bebé nació.
Un popular libro alemán de principios del s. XX
recomendaba un baño a temperatura corporal, seguido de un
baño de 3 minutos a 23ºC, como una buena ayuda para un
parto largo y dificultoso.
La idea de parir en el agua fue desarrollada primero en la Unión Soviética, a partir de los años 60 por Igor Tcharkowsky. Entrenador de natación y sanador por naturaleza, ayuda a las mujeres a parir a sus bebés en el agua, en bañeras y en el mar. Tcharkowsky considera el nacimiento en el agua como el primer paso de un entrenamiento de los bebés para nadar, jugar, sentir y también comer y dormir en el agua. Su tesis es que mantener al bebé en un entorno predominantemente acuático, libre de los efectos de la gravedad, su coordinación muscular y el desarrollo físico, psíquico e intelectual, maduran más rápidamente.
Mientras Tcharkowsky estaba interesado en el bebé y su desarrollo, el Dr. Odent estaba más interesado en el parto de la mujer. A mitad de los años 70, en la maternidad pública de Pithiviers (Francia), Michel Odent se dio cuenta que algunas mujeres querían tomar un baño mientras estaban de trabajo de parto. Si existía la posibilidad, la mayoría de las mujeres tomaban un baño caliente y en ciertas condiciones, el parto se acortaba.El nacimiento del bebé en el agua era un suceso accidental nunca fue un objetivo. El 24 de diciembre de 1983, la revista Lancet publica el primer trabajo científico sobre el parto en el agua , "Birth under water", del Dr. Odent
Dieciocho
años después, la ola es imparable. Hoy en Inglaterra,
Francia, Bélgica, Suiza, Alemania; en Australia, EEUU,
Japón y Argentina, se multiplican los centros sanitarios
públicos y privados con bañeras. Proliferan las casas de
partos y los partos domiciliarios donde las mujeres dan a
luz en el agua, ayudando así a recuperar la dignidad y el
placer de esta íntima experiencia que es parir a un hijo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) en el informe
del grupo técnico de trabajo sobre "los cuidados en el
parto normal", de 1999, avala y recomienda el uso del agua
en el parto entre los diversos métodos no invasivos ni
farmacológicos de alivio del dolor.
Experimentar un instinto
El parto en el agua no es un método. Para no equivocarse, mejor hablar del "agua en el parto". El nacimiento es un proceso involuntario y no se puede ayudar a un acto involuntario, pero se puede interferir o favorecerlo.
El agua en el parto es un elemento sencillo y eficaz que favorece a la mujer para recuperar su instinto biológico y así permitir que su sistema neuro-hormonal favorezca el parto, con menos dolor, menos analgésicos y menos intervenciones médicas.
El agua caliente relaja los músculos, induce ondas alfa cerebrales, relajantes y disminuye la producción de adrenalina.
Muchas
mujeres no son capaces de liberar sus instintos en el
entorno tecnológico de las clínicas y hospitales, y el
agua puede ayudarles a conseguirlo.
Se consigue intimidad con el aislamiento sensorial que
produce el baño de agua caliente, estando a oscuras, en
silencio, sin sentirse observada. En estas circunstancias
el efecto puede ser espectacular en la primera hora. La
mujer debe meterse en el agua con el parto ya mediado.
Entonces el baño le hace experimentar una profunda
regresión, aislándose del mundo, con movimientos
desinhibidos y un cierto descontrol en la respiración. Son
momentos en que los asistentes y acompañantes deben tratar
de inmiscuirse lo menos posible para no interferir en el
proceso. Los exámenes vaginales son innecesarios en esta
fase. El apoyo emocional mejor hacerlo a través del
contacto, evitando explicaciones, preguntas, palabras o
miradas directas a los ojos.
De pronto, muchas mujeres se despiertan de ese sueño y
quieren salir del agua. Sienten ganas de empujar, y al
cambiar a un ambiente más frío, el expulsivo suele ser
vigoroso y eficaz; más aún si las posturas para el mismo
son verticales.
Y aunque el nacimiento en el agua no sea el objetivo que se persigue, a veces en el primer parto y con frecuencia en mujeres con partos anteriores, el nacimiento se produce con cierta rapidez en el agua. No hay problema. El recién nacido está adaptado a la inmersión y entra en un medio que le resulta familiar. Entonces la madre o el asistente, lo coge suavemente y en unos segundos, sin precipitarse, lo saca a la superficie y lo coloca sobre la madre. El cordón umbilical habitualmente sigue latiendo unos minutos, suministrándole oxigeno al bebé. Al encontrarse en un ambiente aéreo y más frío, el bebé comienza a respirar con suaves gemidos, y al colapsarse el cordón, grita e inicia la respiración rítmica.
Recomendaciones
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El uso de un baño de agua caliente no debe desestimarse como factor favorecedor del trabajo .Es también evidente su efecto inmediato de alivio del dolor
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La temperatura del agua debe mantenerse a 37ºC o menos, pero sin tener sensación de frescor. Una temperatura más alta podría producir alteraciones fisiológicas.
No hay temor de que el agua más fría obligue al bebé a respirar bajo el agua. Tcharkowsky tiene amplia experiencia de partos en el Mar Negro a 20 º C o menos, sin problemas para los bebés . No obstante, la hipotermia podría ser una causa de distress fetal en el parto.
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Es recomendable una bañera grande, que ofrezca comodidad; y profunda, para potenciar el efecto fisiológico.
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El momento más favorable para iniciar el baño son los 5 cm de dilatación, al menos .
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Es previsible una disminución de la eficacia en el trabajo de parto, cuando la
mujer permanece en el agua más de 2 horas.
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Cuando las mujeres entran en el agua al principio del parto - 3 cms-, consiguen
6-7 cms en 1-2 horas, salen del agua, pero finalmente pueden necesitar un gotero de oxitocina.
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Es favorecedor beber líquidos mientras se está en la bañera para retrasar la
disminución de la vasopresina y así favorecer la liberación de oxitócina.
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El nacimiento en el agua no debe ser un objetivo intencionado. El lugar del
nacimiento del bebé es instintivo y un poco casual. No obstante, suceden con cierta frecuencia, no siendo ningún problema. Se ha constatado la existencia del "reflejo de buceo" en el periodo neonatal.
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En caso de nacer el bebé en el agua, es razonable cortar el cordón a los 4-5
minutos, porque el calor impide su colapso espontáneo y existe la posibilidad de que se produzca una policitemía en el bebé
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Es recomendable efectuar la expulsión de la placenta fuera del agua para evitar la
posibilidad, aunque teórica, de una embolia. Hasta el momento no se ha registrado ningún caso. En todo caso, si el alumbramiento se produce en el agua, salir de la misma poco después.
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La temperatura de la habitación debe ser cálida para que no exista grandes
contrastes de temperatura. Mantener al bebé en contacto con el agua caliente y
secarlo tras salir de la misma
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Las mujeres que usen el agua caliente durante el parto no deben tener problemas
obstétricos conocidos o previsibles. El embarazo debe ser de al menos 37 semanas.
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Se puede usar un tamiz o colador para mantener limpia el agua, la cloración del
agua es suficiente para evitar infecciones. No se han constatado infecciones de
ningún tipo en todas las experiencias conocidas.
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No intentar prolongar la inmersión del bebé después del nacimiento, pues aunque
el cordón umbilical tenga latido y el bebé no corra riesgo, el recién nacido necesita calor humano, los brazos de su madre y su conexión sensorial y emocional.
(Enrique Lebrero, ginecólogo de la Maternidad Acuario)
