Durante los últimos años,
lejos de alarmarse por la creciente tasa de cesáreas, un
gran número de obstetras americanos han comenzado a
afirmar que los riesgos potenciales de una cesárea y de un
parto vaginal son prácticamente los mismos, por lo que
debería poder dejarse a la mujer elegir libremente entre
ambos. Nosotros vamos a examinar hasta qué punto esta
afirmación es cierta, usando los datos de recientes
investigaciones científicas acerca de las complicaciones
que se presentan en ambos tipos de nacimiento. Para ello,
consideraremos dos poblaciones o grupos hipotéticos, cada
uno de ellos compuesto por 100.000 mujeres sanas,
primerizas, con embarazos de bajo riesgo, a través de tres
supuestos embarazos. Hay que tener en cuenta que las
complicaciones que pueden poner en peligro la vida de las
madres y sus bebés aumentan con el efecto acumulado de
cesáreas repetidas (Makoha 2004; Seidman 1994; Silver
2004). Este es un punto esencial a considerar en el caso
de mujeres que planean tener más de dos o tres hijos.
Las suposiciones de las que partimos son las siguientes:
· Todas las mujeres son sanas
y sus bebés son sanos y a término en el momento en que se
planea la cirugía o comienza el parto.
· Todas las mujeres que sufren una cesárea en su primer
embarazo, planeada o no planeada, tendrán sucesivas
cesáreas (planeadas) en sus siguientes embarazos.
· En el grupo en el que se planea un parto vaginal, 10.000
mujeres tendrán cesáreas no planeadas. La tasa actual de
de cesáreas en primerizas de bajo riesgo en los Estados
Unidos es de 23.6% (Menacker 2005). No obstante, los
estudios sugieren que una tasa de cesáreas igual o
inferior al 10% es lo adecuado en una población con
cuidados prenatales y perinatales apropiados (Johnson
2005; Rooks 1989).
· Todas las mujeres con un parto vaginal durante su primer
embarazo tendrán partos vaginales en los siguientes dos
embarazos. La tasa de primeras cesáreas en mujeres con
partos vaginales previos es un problema menor.
Partiendo de los supuestos
anteriores, y atendiendo a las estadísticas, con una
cesárea electiva, de nuestro grupo de 100.000 mujeres:
· Morirán 57 mujeres más que en el grupo de parto vaginal
(en adelante PV).
· Se le practicará una histerectomía a 999 mujeres más que
en el grupo de PV.
· 135 mujeres más que en el grupo de PV sufrirán una
rotura uterina y, como consecuencia de ello, 7 bebés
morirán.
· Como consecuencia de la cicatriz de una cesárea previa,
63 mujeres más que en el grupo de PV sufrirán un embarazo
ectópico.
· 45.900 mujeres más que en el grupo de PV tendrán
adhesiones densas (adhesiones que hacen más difícil la
realización de una cirugía pélvica o abdominal posterior,
incrementan la probabilidad de dañar otros órganos,
aumentan la pérdida de sangre durante la cirugía y pueden
causar dolor crónico).
· 13.500 mujeres más tendrán dolor (abdominal vs.
Perineal) durante 6 meses o más que en el grupo de PV.
· Morirán 378 bebés más que en el grupo de PV en el útero
antes de las 34 semanas de gestación (muerte fetal
preparto) sin “explicación”
· Nacerán 7.830 bebés prematuros más (antes de la semana
37) que en el grupo PV.
· 1.620 bebés más nacerán con un peso por debajo del
percentil 5 para su edad gestacional
· 4.244 bebés más tendrán problemas respiratorios serios y
requerirán un ingreso en la UCI neonatal
· En el grupo de parto por cesárea habrá 3.240 mujeres
menos que sufran un trauma del esfínter anal (esto asume
una tasa de daño del esfínter anal del 1%, una tasa
mejorable con una optimización de la atención) PERO
· 630 mujeres más que en el grupo PV sufrirán una lesión
en la vejiga.
· 10.260 mujeres menos del grupo sometido a cesárea
tendrán incontinencia urinaria moderada o severa PERO
· 0 mujeres menos tendrán incontinencia urinaria después
de los 50 años (MCA 2004).
De acuerdo a una reciente revisión sistemática de los
estudios comparativos de la cesárea versus el parto
vaginal, las mujeres con cesáreas electivas sufren más
infecciones, recuperaciones más largas y mayores problemas
físicos y emocionales, readmisiones en el hospital, entre
otros (MCA 2004). Los bebés nacidos por cesárea tienen más
riesgo de ser cortados durante la cirugía, de desarrollar
asma o de nacer con una malformación congénita o con una
lesión en el sistema nervioso central si la madre tiene
una o varias cesáreas previas (MCA 2004).
De hecho, si nos fijamos en el exceso de riesgos
reproductivos (infertilidad, embarazo ectópico,
prematuridad, bajo peso para la edad gestacional,
malformaciones, daños en el SNC) parece claro que un útero
con cicatrices y con adhesiones quirúrgicas es un lugar
mucho menos adecuado para albergar futuros bebés.
Muchos de los daños de la cesárea son intrínsecos a la
cirugía en sí. La cesárea electiva tiene algunas ventajas
sobre una cesárea de urgencia, no obstante, siempre quedan
una serie de riesgos residuales si se compara con un parto
vaginal. Es más, independientemente de que la cirugía haya
sido o no planeada, lo cierto es que la mujer queda con
una cicatriz en el útero y con la posibilidad de tener
adhesiones quirúrgicas. Por otra parte, muchos de los
aspectos del parto vaginal “convencional” pueden ser
modificados, ya que no ofrecen beneficios cuando son
usados de manera rutinaria y, sin embargo, minimizar su
uso puede reducir la necesidad de practicar cesáreas, así
como la incidencia de complicaciones tales como
hemorragias, nacimientos pretérmino, sufrimiento fetal o
daños al bebé, así como el riesgo de daños en el suelo
pélvico. Las prácticas que deberían reducirse y/o
modificarse son:
· Inducción del parto
· Establecer tiempos arbitrarios para controlar el
progreso del parto
· Fallos para proporcionar un apoyo continuo durante el
parto (comadrona, doula)
· Monitorización electrónica fetal constante
· Anestesia epidural
· Pujos controlados
· Posición de litotomía
· Presión en el vientre de la madre para “ayudar” a bajar
al bebé
· Episiotomía
· Instrumentalización del parto
Las comparaciones que hemos realizado en este artículo se
refieren, únicamente, a mujeres de bajo riesgo. En
embarazos de alto riesgo las estadísticas pueden ser
peores.