el uso de la gravedad en el parto
Optimizando el Esfuerzo Materno a través del uso adecuado de la gravedad.
La movilidad materna y la posibilidad de adoptar
una posición vertical son de gran importancia en los aspectos mecánicos
y psicológicos de un parto fisiológico y respetado. Es importante evitar
cualquier postura que suponga acostar a la madre sobre su espalda o concentrar
el peso de su cuerpo sobre el sacro. Durante la primera fase del parto,
la posición de litotomía reduce el aporte sanguíneo al útero, aumenta
el dolor de las contracciones uterinas, hace que la dilatación cervical
sea menos eficaz y contribuye al sufrimiento fetal. En la segunda fase
del parto, reduce la apertura de la pelvis en un 20-35% e incrementa la
resistencia del tejido blando, lo que facilita que se produzca distocia
de hombro en el recién nacido.
Durante esta segunda etapa (a partir de los 3 o 4 centímetros de dilatación)
el mayor progreso del parto a costa de un menor esfuerzo materno se consigue
cuando la madre permanece en una postura vertical. La adecuación más favorable
de la forma “irregular” de la cabeza del feto a la forma “irregular” de
la pelvis materna se logra combinando la movilidad materna (cambiar de
posición, caminar) y el alargamiento de la pelvis que se produce cuando
la madre que pone, por ejemplo, en cuclillas, posición en la que la abducción
de los muslos hacia los lados y ligeramente hacia atrás incrementa la
presión intra-abdominal y el diámetro pélvico.
Manejo de la Etapa Perineal: El concepto
de “etapa perineal” es una definición funcional del la última parte de
la segunda etapa del parto, usado por muchas matronas para describir los
acontecimientos biológicos y psicológicos que tienen lugar desde que se
superan los cuatro centímetros de dilatación hasta que corona la cabeza
del bebé […]
En un determinado punto, después de que el cérvix está completamente dilatado,
la madre pasa por un momento crucial en el que su cuerpo se abre súbitamente
(se relaja la normal resistencia muscular) al tiempo que empuja fuertemente
al bebé. Este movimiento reflejo vence eficazmente la resistencia habitual
del tejido blando y saca ventaja de ello para empujar al bebé hacia abajo
y hacia afuera. Aunque el ejemplo del vaciamiento gástrico (émesis) suponga
una comparación un tanto desagradable, en realidad comparte la misma cadena
biológica de eventos […] Durante el parto tiene lugar una poderosa contracción
abdominal, similar a la presente en el reflejo gástrico, que permite que
este crucial evento (las ganas de empujar) tenga lugar, incluso a menudo
para sorpresa de la propia madre.
En algunas multíparas, el reflejo de eyección fetal se inicia mucho antes
de que la cabeza del bebé comience a presionar el perineo (incluso antes
de que el cérvix esté completamente dilatado). En esos casos, el bebé
prácticamente realiza una “caída libre” a través del canal del parto y
del perineo en cuestión de un par o tres de pujos. De todos modos, para
la mayoría de las mujeres, es necesaria la intervención de más variables
para la aparición del reflejo de eyección fetal que el simple estímulo
de la dilatación cervical y la presión sobre el suelo pélvico. De igual
o incluso mayor importancia es el influjo de los componentes psicológicos.
Aunque es imposible predecir qué madres experimentaran este reflejo, muchos
profesionales de la salud dedicados a la atención al parto han observado
que una madre segura de sí misma es más propensa a experimentarlo que
un madre nerviosa, ansiosa o que se siente insegura […]
Facilitar a la madre que empuje: El objetivo
es ayudar a la madre a empujar al tiempo que relaja, simultáneamente,
los músculos de los glúteos. En muchas mujeres, este objetivo se consigue
si, durante el final de la primera fase del parto o el comienzo de la
segunda, se les sugiere que se sienten en el váter durante un mínimo de
3-6 pujos, justo en el momento en que comienzan a sentir ganas de empujar.
Al sentarse se reproduce una postura que comparte muchas de las características
de estar en cuclillas. Colocar un pequeño taburete o apoyo (de unos 10
cm de alto) en cada pie ayuda a la madre a mantener la adecuada flexión
y abducción los muslos. Esta medida de confort también contribuye a reducir
la presión en la parte posterior de los muslos que, en caso de prolongarse
durante mucho tiempo, interfiere con la circulación y puede contribuir
al edema vulvar.
Proporcionar a la madre la posibilidad de tener una sensación de privacidad
en el cuarto de baño, acompañada únicamente por su pareja o algún miembro
de la familia y/o la comadrona, satisface la necesidad de intimidad. Si
existe la preocupación por la posibilidad de un parto precipitado (p.ej.
en una multípara) la comadrona puede controlar el progreso colocando un
pequeño espejo entre las piernas de la madre, Dirigiendo una luz al espejo
que, a su vez, debe de estar orientado al perineo, la comadrona puede
controlar que la madre no dé a luz inesperadamente en el váter.
El uso creativo de la gravedad para acortar
la segunda fase del parto reduce el estrés en el bebé y el consecuente
riesgo de sufrimiento fetal.
El uso de posturas fisiológicas y el conocimiento de los aspectos psico-socio/sexuales
de la experiencia materna contribuye a reducir el tiempo del expulsivo
y, por tanto, la cantidad de energía que debe emplear una mujer en parir
a su bebé. Cuando una madre tiene que empujar en posición de litotomía
(tumbada sobre su espalda) el peso de su cuerpo se concentra en el hueso
sacro. Esto significa que tiene que superar la fuerza de la gravedad que
actúa en su contra, ya que, en esa posición, el canal del parto forma
un ángulo recto. Esta postura reduce la apertura pélvica entre uno y tres
centímetros. La suma de estas dos variables implica un aumento de, al
menos, una media hora en la duración del período expulsivo (a menudo una
hora o más de pujos) lo que incrementa, no sólo el tiempo, sino la cantidad
de energía que debe emplear la madre.
Ayudando a la madre a utilizar sus recursos
físicos: El período expulsivo es el final de la segunda fase del parto
y, a menudo, a esas alturas del parto, la madre lleva sin dormir (a veces
incluso sin comer) durante muchas horas, está cansada y muchas veces sin
fuerzas. No es adecuado demandar que realice el mayor esfuerzo físico
que requiere la realización de una función biológica normal (especialmente
en el caso de las primíparas) en estas condiciones nada óptimas. La cantidad
normal de PSI (del inglés Pounds per Square Inch, unidad de presión equivalente
a una libra por pulgada cuadrada) requeridos para dar a luz a un bebé
(en una primípara) es aproximadamente de 120 PSI. El útero por sí mismo
produce sólo unos 80 PSI, lo que significa que, o la madre hace uso de
sus músculos abdominales y de la gravedad para conseguir los 40 PSI restantes,
o el profesional de la salud que atiende el parto deberá hacer uso de
fórceps o ventosa. Cuando la madre gasta demasiada energía en empujar
para que el bebé baje hasta el perineo, puede estar demasiado cansada
en la etapa perineal (para empujar la cabeza y hombros del bebé a través
del perineo). Esto sienta las bases para la utilización de intervenciones
quirúrgicas que de otro modo serían innecesarias, como la episiotomía,
y añade los riesgos derivados de ésta, como el excesivo sangrado, infección,
dolor postparto, necesidad de medicación narcótica y la disrupción que
tanto el dolor como determinados medicamentos suponen para el correcto
establecimiento de la lactancia materna. .
En las ocasiones en las que una madre no puede adoptar una postura vertical
o estar fuera de la cama debido a una condición médica, el tumbarse de
un costado es, fisiológicamente, la posición más adecuada, ya que la curva
de Carrus es neutral a la fuerza de la gravedad cuando la madre se halla
en esta posición. Aunque no tan efectivas como las posiciones verticales,
estas posiciones no requieren de la madre un esfuerzo extra para luchar
contra la fuerza de la gravedad [...]
(Traducido por Shamandala del original "Conservation of Maternal EffortThrough Right Use of Gravity" del Colegio de Comadronas de California).
