|
Cada vez que oigo a algún@
politic@ pedir plazas de guardería de 0 a 3 años,
se me atraganta el 0. Ya sé que se debe al deseo
facilitar a la mujer el acceso al mercado de
trabajo, pero no deja de ser un disparate desde el
punto de vista del niño.
No podemos seguir haciendo como si un bebé pudiera
aparcarse con el mismo desapego que un coche en un
parking. En la naturaleza, es la inteligencia de
la especie la que determina la duración,
intensidad e importancia de la relación de
dependencia que el bebé tiene con su madre.
Sintiéndolo mucho por quien se sienta superior, no
somos más que la especie mamífera más inteligente
(¡!), lo que no hace más que poner de manifiesto
la importancia de nuestra condición mamífera, y la
necesidad de que el bebé experimente en toda su
intensidad esa relación de dependencia. Es la
profundidad de las raíces lo que permite al árbol
crecer hacia el cielo.
La importancia de crecer los
primeros meses en el seno del vínculo con la madre
no es sólo una cuestión afectiva. Afecta al
desarrollo de la inteligencia, a la salud, a la
capacidad de crear vínculos posteriores y a un
sinfín de factores que conforman una persona
equilibrada. No existiría ahora tanto cursillo en
las empresas sobre inteligencia emocional, si se
permitiera que se desarrollara cuando le toca, en
los primeros meses y años.
No hacen falta más guarderías
de 0 a 3 años, sino un periodo de crianza en casa
de mínimo un año (lo ideal sería hasta los 2-3
años) para quien lo desee. Ese es el tipo de apoyo
del Estado que necesitan las familias, y esa es la
tendencia en otros países europeos, después de
comprobar que es más barato apoyar directamente el
maternaje, que gastarse el presupuesto en sanidad,
psiquiatras o policía. Deberíamos acostumbrarnos a
considerar problemas como la violencia juvenil, el
fracaso escolar y la desmotivación general de que
se acusa a los jóvenes de una forma más global,
tratando de comprender donde están las causas.
Isabel
F. del Castillo
|