los hombres, que no paren, inventan...

 

En 1738, cuenta Claudia Panuthos, autora de Maternidad maravillosa: el tocólogo de la reina de Francia introdujo por primera vez la práctica de colocar a la mujer sobre la espalda durante el parto. La parturienta ya no pudo ver emerger a su hijo nunca más y tuvo que empujar en contra de la gravedad; pero así era más conveniente para el médico.

En 1748, el Dr. William Cadogan escribe: "Con gran placer veo que el fin de la preservación de los niños se ha convertido en responsabilidad de los hombres. Este oficio se ha dejado demasiado tiempo en manos de la mujer, de quien no pueden esperarse conocimientos adecuados para esta labor."

Estamos hablando de una época en donde no se conocía cómo funcionaba el sistema reproductor femenino, y las mujeres eran consideradas defectuosas, inferiores y estúpidas por no ser hombres. Para ese entonces la Inquisición ya se había encargado de matar a millones de mujeres - sanadoras, parteras, practicantes de las antiguas religiones, brujas todas -, acusándolas de herejía. En algunos pueblos el Santo Oficio eliminó al 85 por ciento de las hembras - desde niñas hasta ancianas -, quitándoles también sus bienes en el proceso. Este hecho benefició a la emergente industria médica, eliminando la competencia para los recién graduados de las universidades occidentales, que muy convenientemente prohibían la entrada de estudiantes femeninas.

(Copiado de www.estabocaesmia.com)