promover, proteger y apoyar el nacimiento normal

 

 

INTRODUCCIÓN

El nacimiento en el siglo XXI se caracteriza por las intervenciones dirigidas a provocar y dirigir el parto mediande el control médico rutinario de los “problemas potenciales” de un embarazo y parto de bajo riesgo, más que por permitir el desarrollo normal, natural y fisiológico del parto.

Este control médico rutinario del nacimiento supone que hoy en día (en los Estados Unidos) las tasas de inducción son superiores al 20% y las cesáreas superiores al 26,1% (Hamilton, Martin & Sutton, 2003).

[...] Algunos estudios hablan de más de un 44% de inducciones y de la utilización de alguna medida para acelerar en parto en más de la mitad de los casos analizados. Más de un 60% de las mujeres americanas reciben anestesia epidural durante el parto, y casi un 10% de los nacimientos vaginales son instrumentales. Más de un 90% de las mujeres son sometidas a monitorización fetal electrónica, en lugar de a una auscultación intermitente, aunque es sabido que el uso rutinario de la monitorización fetal incrementa el riesgo de sufrir cesárea sin suponer ningún cambio en las tasas de mortalidad o morbilidad infantil (Thacker, Stroup, Chang, 2003; Enkin, Keirse, Neilson et al., 2000).

Estos datos estadísticos resultan alarmantes, puesto que no hay investigaciones que demuestren que la medicalización del nacimiento sea más segura para las madres o los bebés. De hecho, un número cada vez mayor de estudios indican que la medicalización del nacimiento incrementa los riesgos para la madre y el bebé (Enkin et al., 2000). A pesar de la evidencia de estos riesgos, el control médico del nacimiento y la mentalidad de los “problemas potenciales” es la norma en nuestros días.
Lamaze Internacional cree que la seguridad del nacimiento depende, no de manejar los “problemas potenciales” sino de respetar y facilitar el proceso normal, natural y fisiológico del parto.

CONFIANZA

El desarrollo de un parto normal, natural y fisiológico supone una secuencia de acontecimientos que interactúan entre sí: el ablandamiento y apertura del cérvix y la rotación y descenso del bebé a través de la pelvis materna, procesos exquisitamente orquestados por las hormonas de la madre y el feto, y facilitado por los movimientos de la madre y su habilidad para ser una parte activa del parto. Ser capaz de trabajar activamente durante el parto ayuda a la mujer a tolerar los niveles cada vez mayores de oxitocina y esto, en última instancia, asegura no sólo el adecuado progreso del parto, sino que la madre se beneficie de la liberación de endorfinas, los “narcóticos” naturales. La seguridad de la madre y su habilidad para trabajar con su cuerpo en lugar de luchar contra las contracciones ayuda a reducir los niveles de hormonas del estrés, hasta que éstas sean útiles, ya en la última fase del parto. Si se permite que el parto se desarrolle con normalidad, el bebé nace con altos niveles de catecolaminas y está despierto y alerta. Los altos niveles de las endorfinas maternas, oxitocina y catecolaminas liberados durante el parto, facilitan el desprendimiento de la placenta, disminuyen el riesgo de hemorragias post-parto y aseguran que la mujer estará dispuesta y con ganas de responder a las demandas de su bebé y ocuparse de él. Interferir en la exquisita secuencia de cualquiera de estos acontecimientos crea e incrementa a cada paso la probabilidad de que aparezcan “problemas potenciales”. Desde este punto de vista, tiene sentido afirmar que no interferir con el proceso natural del parto supone más ventajas que inconvenientes (Enkin et al., 2000, p.486). Lamaze Internacional anima a las mujeres a estar seguras de su habilidad para dar a luz, y anima a los sistemas sanitarios a comprender y confiar en el desarrollo normal y fisiológico del parto y a promover, proteger y apoyar la seguridad de las mujeres en su capacidad para parir.

PRÁCTICAS MÉDICAS

La Organización Mundial de la Salud identifica cuatro prácticas médicas para promover, proteger y apoyar el nacimiento normal (Chalmers & Porter, 2001). Lamaze Interncional añade dos prácticas más (señaladas con un asterisco). La investigación ha demostrado los beneficios de cada una de estas prácticas (Enkin et al., 2000). “La única justificación de las prácticas que restringen la autonomía de la mujer, su libertad de elección y su acceso a su bebé deberían tener clarísimas evidencias a su favor, de tal modo que tengamos la absoluta certeza de que están suponiendo más ventajas que inconvenientes”. (Enkin, 2000, p.486).

1. El parto comienza por sí mismo. El parto comienza solo y los mecanismos complejos e interactivos para su desarrollo normal se hayan presentes en toda mujer sana. Cuando se inicia artificialmente el proceso o se pretende alterarlo de alguna manera, se interfiere en él. No es sorprendente que los partos inducidos sin razones médicas de peso terminan por presentar problemas con mucha mayor frecuencia que los partos que se desarrollan naturalmente. La sospecha de un bebé grande no es una indicación suficiente para una inducción, como tampoco lo es un embarazo normal de bajo riesgo después de la semana 42.

2. Libertad de movimiento durante el parto. * Las mujeres que pueden moverse libremente durante el parto y pre-parto son más capaces de participar activamente en el nacimiento de sus hijos. De este modo, son capaces de tolerar mejor el creciente dolor de las contracciones que acompaña al aumento de los niveles de oxitocina. Además, las mujeres se benefician de la liberación de endorfinas. La respuesta de las mujeres, a través de los cambios de postura y otros movimientos, ayuda al bebé a rotar y a descender a través de la pelvis, protegiendo el canal del parto (Enkin et al., 2000). No hay ningún estudio que demuestre que restringir los movimientos de la mujer durante el parto tenga algún beneficio.

3. Apoyo continuo durante el parto. A lo largo del tiempo y en las diferentes culturas, las mujeres han sido apoyadas, generalmente por otras mujeres, durante sus partos. La investigación apoya los beneficios de esta antigua práctica. Las mujeres que disfrutan de un apoyo físico y emocional continuo durante el parto y pre-parto están más seguras y son más capaces de participar activamente en su parto y solicitan analgésicos o anestésicos o necesitan cualquier otra intervención médica con mucha menor frecuencia (Donet, Gates, Hofmeyr & Sakala, 2003; Simkin & O’Hara, 2002).

4. No a las intervenciones rutinarias. * El intervencionismo médico es hoy en día la norma. El informe ‘Listening to Mothers’ señala que en los Estados Unidos el 53% de los partos son estimulados artificialmente y el 55% de las mujeres sufren rotura artificial de membranas, aunque no existan beneficios claros de ninguna de estas prácticas si se realizan de manera protocolaria. La prohibición de comer (87%) o beber (66%), suero intravenoso (86%), monitorización electrónica fetal (90%), etc., restringen la libertad de las mujeres y su comodidad durante el parto. El uso de epidural (63%) restringe la libertad de movimientos, alarga el parto e incremente la incidencia de partos instrumentales y de fiebre. Aunque el uso liberal o rutinario de la episiotomía es contraproducente, más de un 30% de mujeres (americanas) la sufren. Cada intervención sienta la base de la siguiente, teniendo como resultado una ‘cascada de intervenciones’. En realidad, la actitud de prevenir “problemas potenciales” termina creándolos.

5. No a la posición supina durante el parto y pre-parto. El 74% de las mujeres americanas dan a luz en posición supina. La libertad de movimiento y la postura vertical alargan el diámetro pélvico, permiten a la gravedad ayudar en el descenso y rotación del bebé, y protegen el canal del parto y al bebé durante la rotación y el descenso. La postura vertical durante el expulsivo reduce la incidencia de daño severo, acorta la duración del expulsivo, y reduce la incidencia de anormalidades en la frecuencia cardiaca fetal. Permitir a las mujeres adoptar la postura más confortable para ellas, animarlas a empujar cuando lo necesiten y no limitar la duración del expulsivo (si la madre y el bebé están bien) son prácticas beneficiosas, según las más recientes investigaciones.

6. No separar a la madre y al bebé. Los bebés que permanecen en contacto directo con la piel de sus madres son capaces de mantener su temperatura corporal y sus frecuencias cardiaca y respiratoria son más estables. El contacto con el bebé estimula la producción de oxitocina en la madre, facilitando la separación y expulsión de la placenta, reduciendo el riesgo de hemorragia post-parto y facilitando la lactancia. Los bebés que permanecen en contacto con sus madres son capaces de encontrar el pecho y comenzar antes la lactancia, mientras que la separación aunque sea por cortos períodos de tiempo, perturba esta secuencia de acontecimientos. Aunque la manera más efectiva de asegurar una transición segura del bebé es mantenerlo en contacto físico estrecho con su madre, menos del 40% de los bebés permanece con sus madres desde el momento del nacimiento.


(Extracto y traducción por Shamandala del original "Lamaze International Position Paper: Promoting, Protecting, and Supporting Normal Birth.")


 
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