Acerca de los derechos humanos.
(Dr. Tarek Meguid. Bottom Hospital. Lilongwe. Malawi)
Una
mujer pobre de un país pobre no tiene ni
humanidad
ni Derechos Humanos porque el resto del mundo se los niega.
Tarek Meguid
‘Es
posible adaptarse a una determinada situación por la sencilla
razón de que uno no tiene más remedio que vivirla,
y tiene que vivirla todos los días. Pero adaptarse no significa
olvidar. Lo pasas mal todos los días –siempre es inaceptable
para ti, siempre ha sido inaceptable para ti, y lo será de
por vida- pero te adaptas porque no puedes continuar viviendo en
un perpetuo estado de conflicto contigo mismo.”
Steve Biko
‘De
vez en cuando uno se tropieza con la verdad, pero la mayoría
de nosotros consigue levantarse y darse prisa para seguir adelante
como si nada hubiese pasado’
Winston Churchill
Aquellos de nosotros que trabajamos en el ámbito de la salud “en el frente”, nos preguntamos en ocasiones cuál es la relación entre Derechos Humanos y Salud. Esto ocurre cuando tenemos tiempo y espacio para plantearnos ciertas preguntas. No lo hacemos más a menudo, no porque nos falten oportunidades para cuestionarnos la existencia de ambos, los Derechos Humanos y la Salud, o incluso la existencia de una relación entre los dos. Es la falta de una posibilidad real, o incluso de energía para plantearnos ciertas preguntas, lo que nos impide hacerlo con más frecuencia.
Aquellos de nosotros que trabajamos “en el frente”, que tenemos que atender más de treinta partos en un turno de trabajo con la ayuda de un solo colega; los que tenemos que realizar más de tres histerectomías por rotura de útero a la semana; los que vemos, cada dos o tres días, cómo muere una mujer al dar a luz; los que sabemos cómo enfrentarnos a situaciones que ponen en peligro la vida pero no podemos hacerlo debido a la falta de medicamentos, equipamiento y personal, cada hora de cada día de cada mes de cada año de cada década, estamos casi tan desesperados como las mujeres a las que tratamos de ayudar, y necesitamos saber si algún día cambiará este estado de cosas.
¿Existe alguna posibilidad de que nuestras mujeres disfruten del embarazo y de la maternidad con la misma alegría anticipada con que lo hacen sus “hermanas” en las zonas opulentas del planeta? ¿Pueden tener confianza en ser tratadas con dignidad y respeto, sabiendo que realmente se está haciendo todo lo posible para garantizar su seguridad y la de sus hijos? ¿Hay realmente alguna esperanza de conseguir esto para nuestras pacientes, clientes, madres, hermanas o hijas?
Echando un vistazo a la evidencia de la que disponemos en África, podemos decir que las cosas no han mejorado en absoluto. Los índices de mortalidad materna siguen siendo tan elevados que cualquiera que trabaje es este campo no puede por menos que avergonzarse y experimentar un sentimiento visceral de fracaso. Cada chica joven que muere en nuestras salas marca el fin del mundo para esa mujer en particular y, probablemente, para su hijo recién nacido. Y supone también, en cierto modo, el fin del mundo para nosotros, al menos para aquellos de nosotros que estamos “en el frente”.
Cuando se ha dicho todo lo posible acerca de la muerte de esa mujer, cuando se han dado todo tipo de explicaciones médicas; cuando ha quedado claro que esa muerte podría haberse evitado; cuando el llanto de su familia ha cesado; cuando sus familiares, pareja e hijos se han marchado, entonces uno se cuestiona la existencia de los Derechos Humanos. “En el frente” uno siente indignación, rabia, frustración, culpa, tristeza, fracaso, todo ello trepando, lento pero seguro, sobre la totalidad de nuestro ser. Esto ocurre muchas veces pero, en ocasiones, incluso la muerte más horrorosa no consigue despertar dichos sentimientos; a veces experimentamos sólo una especie de entumecimiento que logra apoderarse de toda la humanidad. De la humanidad de la mujer que acaba de morir y de la de aquellos de nosotros que tratamos de salvarla infructuosamente.
Entonces, el recurso a la idea de los Derechos Humanos aparece desde quién sabe dónde y nos resulta, al menos, dulcemente atractivo. Nosotros, las personas que trabajamos “en el frente”, nos sentimos aliviados y con ánimo para luchar por estos misteriosos Derechos Humanos. Sentimos que hay una injusticia tan profunda en una muerte prematura que tuvo lugar por la sencilla razón de no disponer de un segundo quirófano en una unidad que atiende unos 12.000 partos al año; o por la falta de un trabajador sanitario que se dé cuenta de las necesidades de un bebé que se está ahogando por tener secreciones en la garganta, que creemos que no podemos llamar al tratamiento que reciben estos pacientes justo, correcto o adecuado. Es entonces cuando sentimos que hay algo más, que hay una necesidad de justicia, de igualdad, de dignidad, una necesidad de vida y de humanidad para nuestras mujeres. Sentimos esta aplastante necesidad porque la ausencia de todo lo anteriormente mencionado es un error tan flagrante que es imposible ver dignidad donde no la hay, vida donde no la hay, justicia donde no la hay. Entonces pensamos en los derechos, los derechos humanos. El hecho de considerar que nuestros pacientes tienen derechos parece actuar a modo de paliativo, si no para ellos al menos para nosotros. El conocimiento de los Derechos Humanos nos da esperanza, nos permite imaginar que, de algún modo u otro, podremos llegar a ver a nuestras mujeres disfrutando de dichos derechos. Nos sentimos animados por la propaganda oficial difundida alrededor del mundo por muchas personas, incluyendo a muchos políticos, a través de los medios de comunicación, hablando de que los Derechos Humanos existen, son positivos y se lograrán, protegerán, honrarán y disfrutarán por todos en algún momento del futuro. La idea de que nuestros pacientes puedan disfrutar de los Derechos Humanos nos da esperanza. Investigar sobre ellos y sobre las diversas maneras de alcanzarlos es también una experiencia que da qué pensar, al igual que atender un parto en condiciones infrahumanas. A veces parece que los Derechos Humanos dependieran de otras muchas cosas que nada tienen que ver con la salud. En cambio, otras veces, parece que hablamos de la misma cosa: los Derechos Humanos son Salud y la Salud es parte de los Derechos Humanos. Pero el mero hecho de enunciarlo no quiere decir que la afirmación se haga realidad.
Es necesario darse cuenta de que hay que luchar por ambos, los Derechos Humanos y la Salud. Aunque la lucha sea dura y haya que sufrir para conseguirlo. Para hacerlo, hay que cambiar la manera en la que los Derechos Humanos son contemplados, así como el modo en que las responsabilidades son percibidas.
Se dice que los Derechos Humanos se basan en seis pilares fundamentales que los sustentan. Estos seis pilares son: todas las personas tienen derechos por ser humanos; los Derechos Humanos son universales; los Derechos Humanos afectan a todos por igual; los Derechos Humanos son básicamente derechos individuales (se refieren directamente a la relación entre los gobiernos y los individuos); los Derechos Humanos abarcan los principios fundamentales de la humanidad y la promoción de los Derechos Humanos no está limitadas por las fronteras de los Estados.
Desgraciadamente, los Derechos Humanos han sido divididos en “Derechos Civiles y Políticos” por una parte, y “Derechos Sociales y Económicos” por otra. El equivalente de esta división en el ámbito de la salud sería dividir los cuidados sanitarios en “Cuidados Primarios”• y “Cuidados Curativos” . Ambas divisiones fallan al no entender que ambos componentes son, en realidad, las dos caras de una misma moneda. Al igual que no se puede ofrecer una buena atención sanitaria sin ambos (cuidados primarios y curativos), no se puede disfrutar de un derecho civil o político si no hay derechos sociales y económicos.
La
utilidad de los derechos de índole económica y social,
que en ocasiones son llamados Derechos Humanos de Segunda Generación,
ha sido discutida extensamente en el contexto de la confrontación
entre las ideologías socialista y capitalista durante la
guerra fría. Discusiones aparte, no cabe duda alguna de que,
sin derechos sociales y económicos, el disfrute de los derechos
políticos y sociales no es más que una farsa. Y esto
es exactamente lo que está ocurriendo en esta época
y en este momento en las regiones pobres del mundo, y la mortalidad
y morbilidad materna y perinatal son claros ejemplos de ello. Dado
que la importancia fundamental de los derechos sociales y económicos
ha sido reconocida, el Comité para los Derechos Económicos,
Sociales y Culturales de las Naciones Unidas ha resumido y formulado
una serie de valores mínimos, lo cual constituye un intento
de garantizar unos valores mínimos por debajo de los cuales
podemos decir que se violan los Derechos Humanos básicos.
La responsabilidad de garantizar dichos derechos parece ser únicamente
del país en el que los mismos se vean amenazados.
Paul Farmer ha planteado si existe un derecho (humano) a disponer
de material de sutura. Es una muy buena pregunta. Es la clase de
pregunta que llega al núcleo del problema que tenemos los
que trabajamos “en el frente”, pero también llega
al corazón de los problemas de los que hablan de la Salud
y de los Derechos Humanos desde la distancia. ¿Cuál
es la relación entre los Derechos Humanos y su disfrute?
¿En qué consiste el Derecho Humano a tener una vida
per cuando, por ejemplo, no se tiene derecho a disponer del material
de sutura necesario para parar el chorro de vida que abandona a
una mujer que, después de dar a luz a su bebé, está
muriendo de una hemorragia post-parto causada por una herida profunda
en la vagina? Seamos claros en este punto: no hay nada peor, ni
para esa mujer que acaba de darle la vida a nuevo ser humano y que
está a punto de perder la suya, ni para los trabajadores
de salud que la atienden en vano; ni debería haber nada peor
para los abogados, políticos, o público en general
relacionado con la defensa de los Derechos Humanos.
En otras palabras: un derecho no significa nada si no implica el
derecho a acceder a los recursos que permiten disfrutarlo. “En
el frente” y, “al final”, esto es lo único
que cuenta.
Entonces, ¿cómo es posible asegurar el acceso a los
recursos necesarios para poder disfrutar de Derechos Humanos en
un determinado lugar? ¿Cómo llegamos a ello? ¿Cuáles
son las vías para lograrlo? Legalmente, tendría sentido
demandar a aquellos que violan un derecho (humano) y/o niegan los
recursos para disfrutar de dicho derecho. Esto parece tener cierta
lógica. ¿Pero quién debería ser demandado
si no hay suficiente equipamiento en un hospital para salvar una
vida humana? ¿Quién debería ser demandado si
no hay material de sutura y el derecho a ser suturado ha sido violado?
¿Es simplemente una cuestión de negligencia por parte
de aquellos que trabajan en ese hospital? O, yendo al centro de
la cuestión, ¿son los ministros los negligentes? ¿O
tal vez no se han preocupado de ello porque consideran que el material
de sutura no es prioritario? ¿Tal vez lo hicieron simplemente
porque no disponían de recursos económicos? ¿Deberíamos
entonces demandar a aquellos que disponen de los recursos económicos
suficientes pero no abastecen de material porque no están
en el país en cuestión, a los “actores internacionales”?
¿Cuán lejos llega la responsabilidad para los humanos
en el tema de los Derechos Humanos? ¿Es aceptable para la
Comunidad Internacional que si un Estado falla, por la razón
que sea, en proteger los Derechos Humanos de sus ciudadanos, cruzarse
de brazos y no responsabilizarse de ello? ¿Es aceptable y
correcto de algún modo que en pleno siglo veintiuno haya
países en los que las mujeres mueran al dar a luz en porcentajes
comparables a los de la Edad Media? ¿Es aceptable que si
esa situación no se considera aceptable se escriban informes,
recomendaciones, mapas de carretera, planes y más y más
papeles, sin abastecer, de hecho, del material de sutura, las agujas
y el personal que serían necesarios para parar una hemorragia
letal? ¿Qué es lo que nos queda por considerar?
Si los Derechos Humanos son realmente universales, entonces la responsabilidad de su cumplimiento es también universal. No podemos separar los Derechos Humanos en distintos niveles porque esto separaría también a la humanidad en distintos niveles. El ser humano trató de enfrentarse a esta división a través de las Revoluciones Americana y Francesa pero no lo consiguió del todo, y su más escandaloso error, la continuación de la esclavitud, da fe de ello. Pero fue sin duda un comienzo y tenemos la obligación de llegar mucho más lejos. No sólo tenemos que asegurar el desarrollo de la humanidad, no negando a nadie, ni siquiera a una mujer pobre de un país pobre, su humanidad, sino compartiendo la responsabilidad a la hora de asegurar el disfrute de la humanidad a través de la idea de los Derechos Humanos. Eso significa que aquellos de nosotros que disfrutamos de una vida de abundancia entre personas que disfrutan de su riqueza y de su humanidad, somos responsables de asegurar que aquellos que no disfrutan de su humanidad en estos momentos puedan llegar a hacerlo. Si comprendemos la universalidad de los Derechos Humanos y de la Humanidad de este modo, las personas que mueren en el “tercer mundo” pueden tener una oportunidad.
Estas mujeres y niñas sufren en estos momentos unas muertes horribles y sin sentido; ¿podemos tumbarnos y decir “pero si ya hemos informado de ello, no podemos hacer más”? ¿Es realmente responsabilidad exclusiva de aquellos que están “al mando”? Y aunque así fuera, ¿es esa una Buena razón para no hacer nada más? ¿Qué es hacer “más”?
“Hacer más” es enviar personas a trabajar “al frente”, porque es de allí de donde viene la muerte, pero también el nacimiento, la alegría, y la semilla de nuevas generaciones. “Hacer más” es sentirse responsables de esta violación de los Derechos Humanos de nuestras “hermanas” como lo que es: una violación de los Derecho Humanos de MI hermana. “Hacer más” es estar dispuesto a ser juzgado por fallar a la hora de hacer más, aceptar el veredicto de un jurado y cumplir la pena. “Hacer más” es superar los errores del pasado y hacer de la promoción y protección de los Derechos Humanos un asunto global y universal no olvidándonos de que lo global implica lo local y lo local implica lo global.
Mientras los Derechos Humanos y la lucha por conseguirlos esté por los suelos, aquellos que trabajamos “en el frente” tendremos nuestras vidas llenas del sufrimiento y los cadáveres de vidas malgastadas. Los Derechos Humanos y la Salud son la misma cosa aquí “en el frente”, son igual de ilusorios, igual de preciados, igualmente frágiles e igualmente alcanzables.
EL BOTTOM HOSPITAL
El “Bottom Hospital” es un hospital público al que acude la población más pobre de Malawi, estatus social en el que se encuentra, de hecho, la mayoría de la población. Atiende una media de 11.500 partos anuales […]
La primera vez que entras en el Bottom Hospital te das cuenta del horrendo olor que se respira. De hecho, no encuentro palabras para describirlo, nunca había olido nada parecido en mi vida y eso que he olido muchos olores. El terreno que rodea el hospital está lleno de mujeres embarazadas, niños y “guardinanas” (mujeres que acompañan a las mujeres embarazadas y que les prestan su ayuda durante los primeros estadios del parto y en el post-parto), acampando, cocinando, tendidas en el suelo, esperando. El hospital tiene pasillos oscuros, con mujeres que hacen cola mientras esperan a ser atendidas o que permanecen tendidas en el suelo. […]
No hay anestesia ni analgesia disponibles para aliviar el dolor durante el parto, y a veces ni siquiera petidina para las pacientes que acaban de sufrir una cesárea. Las mujeres dan a luz en una cama sin sábanas, almohadas, toallas, agua caliente, compresas, gasas u otros productos sanitarios, y con muy poca o ninguna privacidad ni dignidad. Permanecen tumbadas sobre una sábana de plástico similar a nuestras bolsas de basura de color negro con una pieza de algodón (chitenjes) en la parte superior. Es todo lo que tienen para absorber los fluidos corporales, limpiarse o secar y envolver a sus bebés recién nacidos. El personal lleva constantemente guantes, recordándonos que el 40% de la población de Malawi es V.I.H. positiva.




(Fotos y texto por gentileza de Linda McDonald, Malawi Underprivileged Women)
Aquí podéis ver las fotos y el vídeo de la Cena Benéfica que celebramos el pasado 27 de octubre (2007).


