Científicos Miposianos
Por Carlos
González
Pediatra y Escritor
Artículo publicado en la Revista Única, Nº 30. Septiembre 2006
De mayores, ¿cómo nos gustaría que fueran nuestros hijos? ¿Ricos y
famosos? Aunque ricos hay pocos, y no siempre son felices. Eso, eso
es lo importante, que sean felices.
Claro que, bien pensado, con la felicidad no basta. Hay quien es
feliz robando y matando, hay quien es feliz a costa de los demás…
Realmente, esto del futuro de los hijos es algo que no se puede
decidir a la ligera. Habrá que reflexionar. ¿Cómo queremos que sea
nuestro hijo? Tal vez muchos lectores piensen así: “Que sea
cariñoso, amable, sincero, trabajador, honrado. Que sea capaz de
encontrar un lugar en el mundo y sepa ser feliz en él. Que encuentre
alguien a quien amar, y que se haga merecedor de ser amado. Que sepa
obedecer sin servilismo, y mandar sin arrogancia. Que no se humille
ante los grandes ni desprecie a los pequeños. Que haga valer sus
derechos y respete los de los demás. Que tenga muchos amigos y los
sepa conservar, que sea capaz de ayudar y de pedir ayuda, de
escuchar y de hacerse oír, de confiar en quienes lo merecen y en
merecer la confianza de los demás. Que disfrute de las alegrías y se
mantenga firme ante las penalidades. Que de más importancia a las
personas que a las cosas, a los amigos que a las riquezas”.
Pues bien, hace unos meses la nave de exploración miposiana PJ-328
estuvo estudiando nuestro planeta, con el propósito de conocer
cuáles son nuestras prioridades en la educación de nuestros hijos.
Son antropólogos (el original dice “zoólogos”, debe ser un error)
analizaron miles de horas de interacción entre padres e hijos, tanto
al aire libre como en las casas (muy útiles, esas cámaras de rayos
X). Observaron a qué dedican los padres más tiempo, qué motivos les
llevan a reñir o a felicitar a sus hijos, qué conductas les ponen
más nerviosos. En su informe leemos: “Los terrícolas educan a sus
hijos para que se conviertan en un tipo especial de adulto, muy
apreciado socialmente: un adulto que se lo coma todo, que duerma de
un tirón y recoja su habitación. Un adulto que nunca interrumpa a
otros adultos cuando hablan, que no grite, no salte, no corra por
los pasillos ni dibuje en las paredes, que no se manche al comer
helado y no deje migas en el sofá. Un adulto que coma sin poner los
codos encima de la mesa, sin hacer ruido con la sopa ni levantar del
suelo ninguna pata de su silla”. ¿Y usted? Si un zoólogo miposiano
le observa hablando con su hijo, ¿Llegaría a adivinar qué cosas son
para usted las más importantes, y cuáles no lo son? Seamos
consecuentes con nuestras prioridades, aunque solo sea para no
confundir a los miposianos