la hora que sigue al nacimiento

 

Michel Odent

 

 

 

En este artículo, publicado en Midwifery Today, Vol 61, 2002, Michel Odent cataloga 12 perspectivas acerca de la importancia de la primera hora tras el nacimiento.

La hora que sigue al nacimiento es, sin duda alguna, una de las fases críticas de la vida del ser humano. No es por casualidad que todos los grupos humanos hayan perturbado rutinariamente el proceso fisiológico en este corto período de tiempo, a través de creencias o rituales. […]
La hora que sigue al nacimiento puede ser analizada desde una multitud de perspectivas complementarias. Mi objetivo es catalogar doce de dichas perspectivas a fin de demostrar la dimensión real de este importante tema.

Primera perspectiva: la súbita necesidad de respirar.
No es necesario desarrollar extensamente esta perspectiva, puesto que se halla ampliamente documentada. Es fácil comprender que, durante la primera hora que sigue al nacimiento, el bebé debe, de pronto, comenzar a usar sus pulmones. Esto implica, en particular, que el corazón debe bombear urgentemente sangre para la circulación pulmonar. El prerrequisito para ello es que se separen las circulaciones sistémica y pulmonar mediante el cierre de las conexiones entre ambas (el ductus arterioso y el foramen oval).

Segunda perspectiva: el efecto conductual de las hormonas.
Esta perspectiva necesita ser desarrollada, debido a lo reciente de los datos de los que disponemos. En la actualidad estamos en posición de afirmar que todas las hormonas liberadas por la madre y el feto durante la primera y segunda fase del parto no se eliminan en la hora siguiente al nacimiento. Por el contrario, todas ellas desarrollan un importante papel en la interacción de la madre y el recién nacido. Sin embargo, hasta no hace mucho, los efectos conductuales de estas hormonas ni siquiera se sospechaban.
La hormona clave implicada en la fisiología del parto es, sin duda alguna, la oxitocina. Sus efectos mecánicos son bien conocidos desde hace tiempo (efectos en las contracciones uterinas para el nacimiento del bebé y la expulsión de la placenta; efectos en las contracciones de las células mioepiteliales del pecho para la producción del reflejo de eyección de la leche). Prange y Pedersen demostraron por vez primera los efectos conductuales de la oxitocina en 1979 […] Una inyección de oxitocina en el cerebro de ratas vírgenes inducía en ellas un comportamiento maternal. Este experimento sentó las bases para una nueva generación de estudios. Los resultados de cientos de ellos pueden resumirse en una o dos frases: la oxitocina es la hormona típica del altruismo, se halla involucrada en cualquiera de las facetas del amor que consideremos.
Estos datos son importantes si uno conoce que, de acuerdo con varios estudios suecos, es inmediatamente después del nacimiento del bebé y de la expulsión de la placenta cuando la mujer experimenta el pico más alto de oxitocina. Como en otras muchas situaciones (por ejemplo, la relación sexual o el amamantamiento) la producción de oxitona es altamente dependiente de los factores ambientales: es mayor si el lugar se mantiene cálido (lo que implica que las hormonas de la familia de la adrenalina se mantienen al nivel más bajo posible); y si la madre no tiene nada más que hacer que mirar a los ojos de su bebé y permanecer en contacto con su piel, sin ningún tipo de distracción. El modo en que se segrega la oxitocina es todavía un campo de estudio por descubrir pero, para resultar efectiva, esta liberación ha de ser pulsátil: a mayor frecuencia de los pulsos, más efectividad de la hormona.
La oxitocina nunca se libera de manera aislada. Siempre es parte de un complejo balance hormonal. Esto es por lo que el amor tiene tantas y tan diferentes facetas. En el caso que nos ocupa, durante la hora que sigue al nacimiento y en condiciones fisiológicas normales, el mayor pico de oxitocina se asocia a un elevado nivel de prolactina, que es la hormona del “amor materno”. Esta es la situación típica para inducir el amor por los bebés. La oxitocina y la prolactina se complementan mutuamente. […]
Fue también en 1979 cuando se demostró la producción de hormonas de la familia de la morfina durante el trabajo de parto y el parto. La producción de estas endorfinas es hoy en día un tema ampliamente documentado. A principios de los ochenta se descubrió que el bebé también produce sus propias endorfinas durante el parto y, hoy en día, no cabe duda de que, durante un determinado tiempo después del parto, la madre y el bebé se hallan “impregnados” de opiáceos. La propiedad de los opiáceos para inducir estados de dependencia es bien conocida, por lo que no es difícil anticipar cómo comienza a desarrollarse la dependencia (o vínculo) entre madre y bebé.
Incluso las hormonas de la familia de la adrenalina (a menudo contempladas como las “hormonas de la agresión”) juegan un papel en la interacción de la madre y el bebé tras el nacimiento. Durante las últimas contracciones del parto aumenta el nivel de estas hormonas en el flujo sanguíneo de la madre. Esto es debido a que, en condiciones fisiológicas normales, cuando comienza el “reflejo de eyección fetal” la mujer tiende a querer ponerse en pie, está llena de energía, y experimenta la necesidad de agarrarse a algo o a alguien. A menudo siente también la necesidad de beber agua, como lo haría un conferenciante de cara a un largo discurso. Uno de los efectos de esta descarga de adrenalina es que la madre esté alerta cuando su bebé nazca. Si uno imagina a un mamífero en libertad, puede entender con claridad qué ventajas reporta a la madre el tener suficiente energía (y agresividad) para proteger al recién nacido en caso necesario. La agresividad es un aspecto del amor maternal. También se sabe que el bebé tiene sus propios mecanismos de supervivencia durante las últimas (y fuertes) contracciones de expulsión, y también segrega hormonas de la familia de la adrenalina. La liberación de noradrenalina, por ejemplo, permite al feto adaptarse a la específica falta de oxígeno que sufre en este estadio del parto. Los efectos visibles de la liberación de esta hormona es que el bebé, generalmente, está alerta al nacer, con los ojos abiertos y las pupilas dilatadas. Las madres a menudo están fascinadas por la mirada de sus recién nacidos. Es como si el bebé les estuviera enviando una señal, y realmente parece que este contacto visual es una característica importante del comienzo de la relación madre-hijo en los seres humanos.
[…] Desde la perspectiva hormonal, parece claro que la sexualidad es un círculo. En los diferentes episodios de la vida sexual se reproducen los mismos escenarios y la liberación de las mismas hormonas. Por ejemplo, durante la relación sexual, el hombre y la mujer liberan oxitocina y endorfinas […]
El conocimiento de que disponemos actualmente acerca de los efectos conductuales de las diferentes hormonas involucradas en el proceso del nacimiento nos ayudan a interpretar el concepto de “período primal o sensitivo” introducido por los etólogos. Parece claro que las diferentes hormonas liberadas por la madre y por el bebé durante el parto no se eliminan inmediatamente. Y parece claro que todas ellas desempeñan un papel crucial en la interacción de la madre y el bebé.

Tercera perspectiva: la perspectiva etológica.
[…] Los etólogos fueron los primeros científicos en afirmar que, en términos de relación madre-recién nacido en aves y mamíferos, parecía existir un período corto pero crucial inmediatamente después del nacimiento que nunca jamás volvía a repetirse. Harlow estudió este proceso en los primates […]

Cuarta perspectiva: la primera hora como comienzo de la lactancia.
[…] Una anécdota que puede ayudarnos a comprender cuan reciente es esta perspectiva nos remite al Congreso de Medicina Psicosomática, Ginecología y Obstetricia celebrado en Roma en 1977. En él presenté una ponencia en la que describía las condiciones ideales que permitían al bebé buscar el pecho de su madre durante la hora siguiente al nacimiento. Ninguno de los obstetras y pediatras presentes en esa sesión podían siquiera creer que un bebé humano fuera capaz de encontrar el pecho en su primera hora de vida.
Hoy en día, la mayoría de las matronas saben que el bebé se halla naturalmente programado para encontrar el pecho de su madre en la primera hora de vida. Es más, en condiciones fisiológicas normales, cuando el recién nacido está preparado para comenzar a mamar, la madre se halla aún en un particular equilibrio hormonal. Ella se encuentra todavía “en otro planeta”. Permanece en una actitud instintiva: Sabe cómo sostener a su bebé. La lactancia materna es potencialmente instintiva durante la primera hora tras el nacimiento. Tras este período, hay espacio para la educación, la imitación e incluso la técnica.

Quinta perspective. La primera hora y la adaptación metabólica.
Mientras está en el vientre materno, el bebé recibe de manera continua a través del cordón los nutrientes necesarios, y en particular la glucosa, que es de vital importancia. Tras el nacimiento, el bebé ha de adaptarse a una nutrición discontinua. La recalcable habilidad del neonato para responder a niveles significativamente bajos de glucosa ha sido estudiada en profundidad por M. Cornblath en Estados Unidos, y por Jane Hawdon, Laura Derooy y Suzanne Colson […] en Reino Unido.

Sexta perspectiva. El punto de vista bacteriológico.
Cuando nace, el bebé está libre de gérmenes. Una hora después, habrá millones de gérmenes cubriendo sus membranas mucosas. Nacer es entrar en el mundo de los microbios. La pregunta esencial es: ¿qué gérmenes serán los primeros en colonizar el cuerpo del bebé? Los bacteriólogos saben que los ganadores de la carrera serán los dueños del territorio. Los gérmenes del ambiente de la madre son conocidos y menos peligrosos para el recién nacido porque madre e hijo comparten los mismos anticuerpos IgG. En otras palabras, desde un punto de vista bacteriológico, el recién nacido humano necesita urgentemente estar en contacto con una sola persona: su madre. Si a esto le añadimos que la toma de calostro ayuda a establecer una adecuada flora intestinal no hay duda de que, desde un punto de vista bacteriológico, la hora siguiente al nacimiento es un período crítico en la vida con consecuencias a largo plazo. Nuestra flora intestinal puede compararse con un aspecto de nuestra personalidad que no puede ser fácilmente modificado con posterioridad.

Séptima perspectiva. Comienzo del proceso de termoregulación.
Mientras que en el útero materno el bebé no tiene la oportunidad de experimentar diferencias de temperatura (a excepción de posibles episodios de fiebre materna), los primeros minutos que siguen al nacimiento se presentan de nuevo como una interrupción de la continuidad. Como los mecanismos de termorregulación no se encuentran maduros en un bebé recién nacido, existen razones teóricas para preocuparse por posibles casos de hipertermia materna durante el parto inducidos, bien por la anestesia epidural, bien por estar sumergida en agua demasiado caliente. Ambas situaciones puede modificar peligrosamente la termorregulación del bebé exagerando la diferencia de temperatura entre los ambientes intra y extra uterino.

Octava perspectiva. La adaptación a la gravedad.
Durante la primera hora de vida se establece una nueva relación con la gravedad. De repente, el nervio vestibular, que se encarga del equilibrio, transmite al cerebro un flujo de impulsos sin precedente procedentes de los canales semicirculares, utrículos y sáculos.

Novena perspective. La perspective etnológica.
[…] De una manera u otra, todas las culturas han perturbado el proceso fisiológico que rodea al nacimiento. Desde la perspectiva etnológica se pueden estudiar las características principales de las diferentes culturas en relación a cómo nacen los bebés.
La mayoría de las culturas perturban el primer contacto entre la madre y el niño en la hora posterior al nacimiento. La manera más universal e intrigante de hacerlo es promover creencias, como la de que el calostro es una sustancia perjudicial para el bebé que debe ser desechada. Esto tipo de creencias implica que, inmediatamente después del nacimiento, el bebé no debe permanecer en brazos de la madre, lo que a su vez comporta una serie de rituales como el de cortar el cordón umbilical inmediatamente tras el nacimiento. El primer contacto madre-bebé puede perturbarse de muchas maneras: bañar al bebé, frotarle la espalda, ponerle pañales, agujerear las orejas a las niñas, etc.
[…] Si perturbar el primer contacto entre la madre y el bebé y promulgar creencias como la de que el calostro es malo son universales, esto significa que dichas creencias tuvieron en su momento ventajas evolutivas.
Teniendo en cuenta todas las perspectivas consideradas hasta el momento y combinándolas, y después de hacer referencia a rituales y creencias perinatales, estamos en posición de afirmar que el medio cultural toma forma en gran medida en la hora que sigue al nacimiento. Ahora pasaremos a considerar la hora siguiente al nacimiento desde el punto de vista de las sociedades modernas.

Décima perspectiva. El punto de vista obstétrico.
[..] En nuestras sociedades, el control cultural del nacimiento es, principalmente, un control medico. En la literatura médica y los libros de textos se plantea una cuestión fundamental desde el punto de vista obstétrico: ¿Cómo manejar la llamada “tercera fase” del parto? Los diarios médicos publican periódicamente estudios aleatorios controlados comparando las diferentes maneras de “manejar” esta tercera fase. El principal, si no único objetivo, es evaluar los riesgos de hemorragia postparto. Estos estudios suelen realizarse en el contexto de grandes unidades de obstetricia y los protocolos de investigación usan una definición negativa del concepto de “manejo expectante” (p.ej. no usar drogas uterotónicas, no cortar el cordón…). Sin embargo, los factores que pueden facilitar la liberación de oxitocina endógena no se incluyen en dichos protocolos. Dichos estudios han conducido a la práctica de inyectar rutinariamente substancias oxitócicas a todas las madres al poco de nacer sus bebés. Dichas sustancias bloquean la liberación de la oxitocina natural, impidiendo también que se manifiesten los efectos conductuales de la misma. El efecto de estas rutinas obstétricas debería ser analizado en términos de civilización.

Undécima perspective. El punto de vista de la matronería.
Sólo algunas matronas pueden hoy en día practicar la auténtica matronería sin ser prisioneras de estrictas directrices o protocolos, y cumplir su función de protectoras del proceso fisiológico del parto. Tras el nacimiento del bebé, la principal preocupación de dichas matronas es la liberación por parte de la madre de un alto pico de oxitocina, porque es necesario para la segura expulsión de la placenta y porque es la hormona del amor.
Lo primero que hay que hacer para conseguirlo es asegurarse de que la habitación está suficientemente cálida. Durante la tercera fase la mujer nunca se queja de exceso de calor. […] El Segundo objetivo es asegurarse de que la madre puede establecer contacto visual y corporal con su bebé sin ningún tipo de distracción […] En esta etapa, y tras un nacimiento en condiciones fisiológicas, la madre permanece en un particular estado de conciencia, como si estuviera en “otro planeta”. Su neocórtex está en un estado de “reposo” La clave debería ser: ¡No despertar a la madre!

Duodécima perspectiva. Una nota política.

Tiene cierto sentido que estudiar la tercera fase del parto desde una perspectiva no médica haga sentir incómodas a muchas personas (especialmente a los médicos). Cualquier postura que haga que reconsideremos nuestras actitudes durante este corto período de tiempo puede sacudir las bases de nuestras culturas. La investigación puede ser políticamente incorrecta, una incorrección política que se extendería a ciertos estudios que exploran las consecuencias a largo plazo del modo en que nacemos, y que se incluyen dentro de la investigación en “Salud Primal”. Los hallazgos de tales estudios acerca de ciertos tópicos (p.ej. delincuencia juvenil, suicidio en adolescentes, adicción a drogas, anorexia nerviosa, autismo, etc.) han sido rechazados por la comunidad médica y los medios de comunicación, a pesar de su publicación en revistas médicas o científicas de gran autoridad […]