El parto no intervencionista y la humanización del nacimiento
Soledad Carreguí i Vilar (Comadrona), Manuel Fillol i Crespo (Obstetra)
Muchas mujeres desean que se respete el proceso natural de su parto y que se mantenga una actitud “no intervencionista”. Frente a este nuevo reto, los obstetras del siglo XXI, conscientes de las ventajas que supone esta actitud durante el parto, tanto para la madre como para el niño, han de adaptarse a esta creciente demanda. El Servicio de Obstetricia del Hospital de la Plana ha planteado un modelo de excelencia basado en la atención al parto desde una actitud “no intervencionista” en los casos de bajo riesgo, y un parto “humanizado” en todas sus posibles vertientes: parto eutócico, instrumentado y cesárea.
Al comienzo de los años 60, las mujeres españolas daban a luz en sus domicilios de manera totalmente natural, con la ayuda de sus familiares y de la comadrona. Esos partos no estaban medicalizados, ni se atendían con una actitud intervencionista, pero la mobimortalidad perinatal y materna eran muy altas. Los familiares y la comadrona transmitían sus conocimientos y sus enseñanzas a las nuevas madres para que tuvieran una lactancia exitosa, y se llegaba a unas tasas de lactancia materna muy altas.
Desde mediados de los años 60 y principios de los 70, el parto comenzó a ser atendido en el ámbito hospitalario y comenzó a adoptarse una actitud totalmente intervencionista. Bajo la creencia de que las mujeres de cierta edad que habían tenido partos domiciliarios sufrían con más frecuencia de prolapsos e incontinencia, se iniciaron una serie de prácticas, de manera empírica, que actualmente se mantienen en la mayoría de los hospitales, como son el uso sistemático de la episiotomía y la alta frecuencia de la instrumentalización del parto [...] En determinadas áreas geográficas se usa exclusivamente el fórceps y en otras el vacuoextractor. El gran éxito del parto hospitalario ha sido la reducción de la morbimortalidad perinatal y materna, que han llegado a cifras mínimas.
Con la medicalización del parto la lactancia va pasó a tener un tratamiento parecido: la administración de medicamentos o las recomendaciones de dar de mamar diez minutos de cada pecho cada tres horas, han hecho perder todas las antiguas enseñanzas de familiares y matronas y han contribuido a aumentar espectacularmente las tasas de lactancia artificial. A este hecho ha contribuido la presión de las industrias de leche artificial y el supuesto sentimiento de liberación de la mujer, que comparte con la pareja la alimentación del niño y se libera parcialmente de esa carga.
En los años 90, el aumento de las demandas legales y la práctica de una medicina defensiva incrementan de forma espectacular el número de cesáreas y de partos instrumentales, sin tener en cuenta el objetivo de disminuir las tasas de morbimortalidad perinatal y materna.
A finales del siglo XX comienzan a ponerse en tela de juicio las prácticas de atención al parto. La bibliografía con una metodología rigurosa nos demuestra que la episiotomía no protege a la mujer del prolapso ni de la incontinencia, que el parto instrumentado es un factor de riesgo para la aparición de disfunciones del suelo pélvico, que si hemos de instrumentar el parto es menos lesivo para el suelo pélvico el vacuoextractor que el fórceps, que la libertad de movimiento durante el período de dilatación favorece el proceso del parto, que la posición en decúbito no es la única opción para el parto y que, en líneas generales, es más beneficiosa una actitud no intervencionista. Todo ello nos indica que hemos de cambiar las rutinas que, fruto del empirismo, descubrimos ahora que no tienen apoyo en la evidencia.
Al mismo tiempo, ha habido un movimiento en el mundo occidental en el cual la mujer quiere ser la principal protagonista de su parto y quiere decidir cómo parir. Muchas mujeres piden que se respete el proceso natural del parto y que se mantenga una actitud “no intervencionista”, saben que la lactancia materna es la mejor opción y quieren recuperar el vínculo con el recién nacido que proporciona la lactancia.
En Holanda casi el 40% de las mujeres paren en casa, en el Reino Unido más del 60%, entre casas de nacimiento y hospitales, paren sin intervenciones innecesarias, y tienen una tasa de lactancia materna muy superior a la nuestra. Sus tasas de morbimortalidad perinatal y materna son tan buenas como las nuestras.
Los obstetras de siglo XXI se enfrentan a un nuevo reto. Hemos de adaptarnos a esta demanda, hemos de ser conscientes de todas sus ventajas. Hemos de saber que estas prácticas no aumentan los riesgos de morbimortalidad, ni para la futura aparición de disfunciones del suelo pélvico. La evidencia nos avala y la OMS lo recomienda.
El Servicio de Obstetricia del Hospital de la Plana se ha planteado un modelo de excelencia basado en la atención al parto con una actitud “no intervencionista” en los casos de bajo riesgo y un parto “humanizado” en todas sus posibles vertientes: parto eutócico, instrumentado y cesárea.
Parto no intervencionista. Se realiza siempre que el parto sea de bajo riesgo y se informa a la mujer de que es ella la que ha de decidir las opciones del parto.
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El parto de bajo riesgo es atribución de la comadrona, que lo controla y asiste. Sólo se recurre al obstetra cuando se presenta un factor de riesgo.
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Durante la dilatación se respeta la evolución natural, se realiza el menor número de intervenciones posible. No se aplica el rasurado ni el enema. Se deja libertad de movimiento, de beber o tomar alimentos . La mujer está acompañada durante todo el proceso por la persona de su elección. Se ofrece apoyo y ayuda. Se ofrecen todos lo métodos farmacológicos y no farmacológicos disponibles para aliviar el dolor. Se practican los controles necesarios y seguros, evitando el uso excesivo de medios de control (monitorización interna continua, pulsioximetría, etc.)
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Durante el expulsivo se permite libertad de posición para parir y no se ponen impedimentos a los deseos de la mujer, siempre que la seguridad esté garantizada. Se hace una práctica restrictiva de la episiotomía, limitando su uso a los casos estrictamente necesarios [...] Se fomenta el contacto piel con piel con la madre. La mujer está acompañada durante el expulsivo por la persona de su elección, a la que se le ofrece cortar el cordón. Se tarda en cortar el cordón hasta que deje de latir. Si es posible, se realizan las primeras atenciones al recién nacido sobre el vientre de la madre, respetando al máximo el contacto piel con piel y la unión madre-hijo. Con este contacto precoz se fomenta la lactancia materna y se procura que a la salida del paritorio el bebé haya comenzado a mamar. Durante el puerperio se intenta promover un ambiente adecuado para el establecimiento del vínculo madre-recién nacido-padre. En resumen, se siguen las recomendaciones de la OMS.
Parto humanizado. La humanización del parto no se limita a los casos de
bajo riesgo. Los partos de riesgo tienen los mismos patrones de respeto,
información, libertad de posición, alivio del dolor, consenso e
información a la mujer en todas las actuaciones. Del mismo modo, se
fomenta el contacto precoz y continuo del recién nacido con su madre. En
los casos en los que sea imposible el contacto precoz con la madre
(cesáreas que necesiten de atenciones especiales, etc.) se ofrece el
contacto “piel con piel” con el padre.
La satisfacción y el gozo en el nacimiento también dependen del acompañamiento de los partos, por lo que cuidaremos la manera de nacer y, en definitiva, la manera de vivir.
(Traducido por Shamandala del original “El part 'no intervencionista' i la humanització del naixement, en Viure en Salut nº 76, 4-2008).