¡Dale el pecho!
¿POR QUÉ LACTANCIA MATERNA?
La leche materna es el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su hijo
recién nacido. No sólo considerando su composición
sino también en el aspecto emocional ya que el vínculo afectivo
que se establece entre una madre y su bebé amamantado constituye
una experiencia especial, singular e intensa. Existen sólidas bases
científicas que demuestran que la lactancia materna es beneficiosa
para el niño, para la madre y para la sociedad, en todos los países
del mundo.
La leche materna contiene todo lo que el niño necesita durante los
primeros meses de la vida. Protege al niño frente a muchas enfermedades
tales como catarros, bronquiolitis, neumonía, diarreas, otitis, meningitis,
infecciones de orina, enterocolitis necrotizante o síndrome de muerte
súbita del lactante, mientras el bebé está siendo amamantado;
pero también lo protege de enfermedades futuras como asma, alergia,
obesidad, enfermedades inmunitarias como la diabetes, la enfermedad de Crohn
o la colitis ulcerosa y arterioesclerosis o infarto de miocardio en la edad
adulta y favorece el desarrollo intelectual.
Los beneficios de la lactancia materna también se extienden a la
madre. Las mujeres que amamantan pierden el peso ganado durante el embarazo
más rápidamente y es más difícil que padezcan
anemia tras el parto, también tienen menos riesgo de hipertensión
y depresión postparto. La osteoporosis y los cánceres de mama
y de ovario son menos frecuentes en aquellas mujeres que amamantaron a sus
hijos.
Desde otro punto de vista, la leche materna es un alimento ecológico
puesto que no necesita fabricarse, envasarse ni transportarse con lo que
se ahorra energía y se evita contaminación del medio ambiente.
Y también es económica para la familia, que puede ahorrar
cerca de 600 euros en alimentación en un año. Además,
debido a la menor incidencia de enfermedades, los niños amamantados
ocasionan menos gasto a sus familias y a la sociedad en medicamentos y utilización
de Servicios Sanitarios y originan menos pérdidas por absentismo
laboral de sus padres.
Por todas estas razones y de acuerdo con la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Pediatría (AAP), el
Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría
recomienda la alimentación exclusiva al pecho durante los primeros
6 meses de la vida del niño y continuar el amamantamiento junto con
las comidas complementarias adecuadas hasta los 2 años de edad o
más."
EL COMIENZO
Es importante que al niño se le ofrezca el pecho precozmente, a ser
posible en la primera media hora tras el parto. Después de la primera
hora, el recién nacido suele quedar adormecido unas horas. Durante
este tiempo, es recomendable que el bebé permanezca junto a su madre
aunque no muestre interés por mamar y que se estimule el contacto
piel con piel entre ambos. Así, puede ofrecerse el pecho tan pronto
como se observe que el niño está dispuesto a mamar (movimientos
de la boca buscando el pezón, hociqueo...) y no solamente cuando
llore. El llanto es un signo tardío de hambre.
¿SOLO PECHO?
Cualquier mujer puede ser capaz de alimentar a su hijo exclusivamente con
su leche. La diferencia entre unos pechos grandes o pequeños, prácticamente,
es la cantidad de grasa que contienen y no la cantidad de glándula
productora de leche. Por otra parte, las causas que contraindican la lactancia
materna (algunas enfermedades o medicamentos...) son muy raras, casi excepcionales.
Hoy en día, casi todas las enfermedades maternas tienen algún
tratamiento que se puede hacer sin tener que suspender la lactancia (consulta
a tu pediatra).
El principal estímulo que induce la producción de la leche
es la succión del niño, por lo tanto, cuantas más veces
se agarra el bebé al pecho de la madre y cuanto mejor se vacía
éste, más leche se produce. La cantidad se ajusta a lo que
el niño toma y a las veces que vacía el pecho al día.
La calidad también varía con las necesidades del niño
a lo largo del tiempo. Durante los primeros días, la leche es más
amarillenta (calostro) y contiene mayor cantidad de proteínas y sustancias
antiinfecciosas; posteriormente aparece la leche madura. Su aspecto puede
parecer “aguado” sobre todo al principio de la toma ya que es
hacia el final de la misma cuando va aumentando su contenido en grasa. Sin
embargo, no existe la leche materna de baja calidad; ésta siempre
es adecuada al bebé y es todo cuanto necesita.
Es importante, sobre todo al principio, que no se ofrezcan al niño
chupetes ni biberones. Una tetina no se “chupa” de la misma
forma que el pecho por lo que el recién nacido puede “confundirse”
y posteriormente agarrar el pecho con menos eficacia (se utiliza distinta
musculatura de succión con el chupete y el biberón que en
el proceso de succión del pecho). Esto puede ser la causa de problemas
tales como grietas en el pezón, mastitis y falta de leche a la larga.
Tampoco es recomendable utilizar pezoneras. Las grietas surgen porque el
niño se agarra mal al pecho, así que lo importante es corregir
la postura (pide ayuda a tu pediatra, matrona, enfermera de pediatría
o experta en lactancia). El uso de pezoneras acorta la duración de
la lactancia y además la hace muy incómoda.
Un recién nacido sano no necesita más líquidos que
los que obtiene de la leche de su madre, no es necesario ni recomendable
ofrecer agua ni soluciones de suero glucosado. Antes de darle “suplementos”
o cualquier alimento distinto de la leche materna es conveniente consultar
con el pediatra.
DURACIÓN Y FRECUENCIA ENTRE LAS TOMAS
El tiempo que cada bebé necesita
para completar una toma es diferente para cada bebé y cada madre
y también varía según la edad del bebé y de
una toma a otra. Además, la composición de la leche no es
igual al principio y al final de la toma, ni en los primeros días
de vida o cuando el bebé tiene 6 meses. La leche del principio es
más aguada pero contiene la mayor parte de las proteínas y
azúcares; la leche del final de la toma es menos abundante pero tiene
más calorías (el contenido en grasa y vitaminas es mayor).
Tanto el número de tomas que el niño realiza al día,
como el tiempo que invierte en cada una, es muy variable por tanto y no
hay que establecer reglas fijas. Es mejor ofrecer el pecho “a demanda”.
Un niño puede desear mamar a los 15 minutos de haber realizado una
toma o por el contrario tardar más de 4 horas en pedir la siguiente,
aunque al principio, durante los primeros 15 ó 20 días de
vida, es conveniente intentar que el niño haga al menos unas 8 tomas
en 24 horas. Tampoco es aconsejable que la madre o quienes la acompañan
limiten la duración de cada toma, el bebé es el único
que sabe cuándo se ha quedado satisfecho y para ello es importante
que haya tomado la leche del final de la toma. Lo ideal es que la toma dure
hasta que sea el niño quien se suelte espontáneamente del
pecho.
Algunos niños obtienen cuanto necesitan de un solo pecho y otros
toman de ambos. En este último caso, es posible que el niño
no vacíe completamente el último, por lo que la toma siguiente
deberá iniciarse en éste. Lo importante no es que el niño
mame de los dos pechos sino que se vacíe completa y alternativamente
cada uno de ellos, para evitar que el acumulo de leche pueda ocasionar el
desarrollo de una mastitis y para que el cuerpo de la madre acople la producción
de leche a las necesidades de su hijo. Por ello, se recomienda permitir
al niño terminar con un pecho antes de ofrecer el otro.
Aunque el niño tome el pecho muy a menudo o permanezca mucho tiempo
agarrado en cada toma, ello no tiene porqué facilitar la aparición
de grietas en el pezón si la posición y el agarre del niño
son correctos.
OTRAS RECOMENDACIONES
La única higiene que necesita el pecho materno es la que se realiza
con la ducha diaria. Después de cada toma no es necesario lavar los
pechos con jabón, tan solo secarlos. Posteriormente pueden ser útiles
los discos absorbentes, cambiándolos tantas veces como sea necesario.
La madre no necesita variar sus hábitos de comida o de bebida. Es
posible que la madre tenga más sed, pero no es necesario beber a
la fuerza. Solo en el caso de alergias podría ser necesario suprimir
algún alimento de la dieta de la madre.
Un trabajo duro o estresante puede interferir con la lactancia materna,
de modo que resulta muy beneficiosa cualquier ayuda que pueda ofrecerse
a la madre para descargarla de otro tipo de tareas, bien por parte del padre
u otros miembros de la familia. La ayuda, el apoyo y la comprensión
del padre y de otros familiares (abuela, hermanas, amigas) son elementos
esenciales para el buen desarrollo de la lactancia.
En algunas ocasiones, puede ser útil que la madre aprenda a extraerse
la leche, bien para guardarla y que alguien alimente al bebé cuando
la madre no pueda hacerlo, o bien para aliviar las molestias producidas
por un acumulo de leche excesivo en períodos en los que el apetito
del bebé disminuye, evitando así que se produzca una mastitis.
La extracción de la leche puede hacerse de forma manual o mediante
un sacaleches (consulte a su pediatra, matrona, enfermera de pediatría
o experta en lactancia). La leche materna puede conservarse en frigorífico
unos 5 días y congelada entre 3-6 meses en función de la temperatura.
Si la madre es fumadora, este es un buen momento para dejarlo. Si ello resulta
imposible, es preferible fumar justo después de la toma y no hacerlo
en presencia del niño. Siempre será mejor que darle una leche
artificial. Los niños que permanecen en ambientes con humo tienen
mayor incidencia de infecciones respiratorias agudas y de asma.
Lo mismo puede aplicarse al alcohol, aunque si la madre solo bebe ocasionalmente
y de forma moderada, probablemente no le costará ningún esfuerzo
dejarlo por completo.
(Extraído de la página web de la Asociación Española
de Pediatría).