Las rabietas: Quiéreme cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito.
Rosá Jové (Extraído de la Web "Dormir Sin Llorar")
Qué es una rabieta:
Cuando nacemos, el principal plan que tiene la naturaleza con
nosotros es que podamos sobrevivir. Para ello nos "apega" con las
personas que nos cuidan, ya que está comprobado que teniendo a un
cuidador cerca vivimos más (recordad que somos una especie muy
incompletita cuando nacemos). Por eso es tan importante que los
bebés nos reclamen cuando no estamos cerca y por ello es tan
importante que nosotros intentemos satisfacer sus necesidades más
importantes (alimento, sueño, higiene, contacto.), solo así se
crea un apego seguro entre el niño y sus padres: el niño se da
cuenta que tiene personas que le quieren y que le van a cuidar
pase lo que pase, y por eso será un niño feliz.
Es importante durante los primeros años de la vida de un niño
dejarle bien clarito que "siempre" estaremos con él, que "siempre"
le querremos y le cuidaremos, aunque a veces no nos guste
"exactamente" lo que hace. Eso es la base de una personalidad
segura, independiente y con una autoestima capaz de soportar
altibajos y adversidades. Alrededor de los dos años (puede variar
según el niño) la supervivencia del niño está ya más garantizada
(se desplaza solo, puede comer casi de todo y con sus propias
manos, es autónomo en sus actos más vitales ..) y la naturaleza
(¡qué sabia que es!) tiene otro plan para nosotros: si al
principio era "apegarnos" para sobrevivir, ahora nos prepara para
la independencia (pensad que sin independencia no crearíamos una
familia propia, y eso es básico para el plan reproductor de la
naturaleza). La independencia y autonomía es un largo camino que
se va adquiriendo con la edad y a estas edades empezamos de una
forma muy rudimentaria. ¿Cómo hace el niño para manifestar su
independencia? Pues dada su edad es una estrategia muy simple:
consiste solamente en negar al otro. Su palabra más utilizada es
el "no" y es fácil de entender porque, negando al otro, empieza a
expresar lo que él "no es" porque aún no sabe realmente lo que
"es".Intento explicarme mejor: ¿Cómo se yo (niño) que soy otro y
puedo hacer cosas diferentes a mis padres? ¡Pues llevándoles la
contraria! Puede que aún no tenga claro lo que voy a ser pero así
sé lo que no soy: yo no soy mis padres, por lo tanto ¡soy otro!
El único problema para los niños, es que les conlleva un conflicto
emocional importante porque como los padres no entienden lo que
pasa y normalmente se enfadan con ellos, los niños notan que se
están enfrentando a los seres que más quieren y eso les provoca
una ambivalencia de sentimientos. Eso, nada y más y nada menos son
las famosas rabietas: una lucha interior entre lo que debo hacer
por naturaleza y una incomprensión de mis padres hacia tales actos
que me provocan unos sentimientos ambivalentes y negativos. Esa
ofuscación entre querer una cosa, no entender lo que pasa y el
rechazo paterno, es la fuente de la mayoría de las rabietas. Por
eso lo mejor es dejarle claro que haga lo que haga siempre le
queremos y le comprendemos, aunque a veces no estemos de acuerdo.
Muchos padres viven esta etapa con mucha ansiedad porque piensan
que es una forma que tienen sus hijos de rebeldía, tomarles el
pelo y desobediencia. Nada más lejos. En estas conductas del niño
no hay ningún sentido de "ponernos aprueba" ni hay ningún juego de
poder entre medio (bueno a veces los padres sí que se lo toman
como tal, pero el niño nunca pretende "desafiar" al adulto, solo
hacer cosas diferentes a sus padres). Si el niño lleva la
contraria a sus padres es para comunicarles algo muy importante:
"¿lo ves?, me hago mayor. ¡Yo no soy tú! Puedo querer, desear y
hacer cosas que tu no quieres".
¿Qué hacemos ante una rabieta? La mejor manera de superar las
rabietas la resumo en cinco puntos
1- Comprendiendo que el niño no pretende tomarnos el pelo.
Esta simple convicción hará que seamos más flexibles con ellos (y
por lo tanto se evitan muchos conflictos). Solamente pretende
mostrarnos su identidad diferenciada.
2- Dejando que pueda hacer aquello que quiere. "¿Y si es
peligroso o nocivo?" -me preguntareis-. Evidentemente lo primero
es salvaguardar la vida humana, pero los niños raramente piden
cosas nocivas, ¿saben lo más peligroso que me pidieron mis hijos
cuando eran pequeños? ¡Ir sin atar en la sillita del coche!.
Evidentemente les dije que no, y no arrancamos hasta que
estuvieron convencidos, pero no me han pedido nunca nada tan
peligroso. Bueno, una vez mi hijo mayor cogió una pequeña rabieta
porque quería un cuchillo "jamonero", pero la culpa era más mía
por dejar a su vista (y alcance) un cuchillo de tales dimensiones,
que él por pedirlo. ¿No? El hecho de que quieran llevar una ropa
diferente a la que nosotros queremos puede que atente contra el
buen gusto, pero raramente atentará contra la vida humana. Lo
mismo pasa con alguna golosina o con otras cosas. Si usted es un
padre que vigila que el entorno de su hijo sea seguro, es difícil
que pueda pedir o tocar algo nocivo para él. El hecho de el niño
pueda experimentar el resultado de sus acciones sin notar el
rechazo paterno hará que no se sienta mal ni ambivalente (y, de
paso, evitamos la rabieta).
3- Evitando tentaciones. Los comerciantes saben
perfectamente que los niños piden cosas que les gustan (por eso en
los grandes supermercados suelen poner chucherías en las líneas de
caja) ¿Acaso pensaba que el suyo es el único niño que montaba en
cólera por una chuchería? Si su hijo es de los que pide juguetes
cuando los ve expuestos o chucherías si las tiene delante ¿Qué
espera?. Intente evitar esos momentos (no se lo lleve de compras a
una juguetería o intente buscar una caja donde hacer cola que no
tenga expositor de juguetes ni dulces) o pacte con él una solución
("Cariño vamos al super. Mamá no puede estar comprando cada día
chuches porque no son buenas para tu barriguita, así que solo
elegiremos una cosita"). Si los mayores nos rendimos muchas veces
a una tentación (el que esté libre de pecado que tire la primera
piedra) ¿Por qué pensamos que un niño puede contenerse más que
nosotros?
4- Podemos expresar nuestra disconformidad, pero no atacamos la
personalidad del niño o valoramos negativamente su conducta.
Es decir, mi hijo no es más bueno o malo porque ha hecho una cosa
bien o no. Mi hijo siempre es bueno, aunque a veces yo no le
entienda o no me guste lo que ha hecho. En este sentido vean este
diálogo: Mamá: Cariño ha venido tía Marta. Ve a darle un beso.
Niño: No quiero, mamá: ¿Cómo que no quieres? Esto está mal. ¡Eres
un niño malo! Tía Marta te quiere mucho y tú no la quieres. Mamá
no te querrá tampoco. A partir de aquí puede haber dos opciones o
el niño monta una pataleta del tipo: ¡eres tonta y tía Marta
también! Y ya la tenemos liada. O bien, ante la idea de perder el
amor de su madre, va y le da un beso a tía Marta, a lo que su
madre responde: "¡Que bien! Así me gusta ¡Qué bueno eres!" con lo
que el niño aprende que es bueno cuando no se porta como él siente
y que solo obra bien cuando hace lo único que quiere su madre. Es
decir: se nos quiere cuando disfrazamos nuestros sentimientos.
Ninguna de las dos soluciones es correcta porque en ningún momento
hemos evitado atacar la personalidad del niño (eres malo) y hemos
valorado su conducta (esto esta mal o esto está bien). Si en lugar
de ello hubiéramos entendido sus emociones, a pesar de mostrar
nuestra disconformidad, el resultado podría haber sido: Mamá:
cariño ha venido tía Marta. Ve a darle un beso. Niño: No quiero.
Mamá: Vaya, parece que no te apetece dar un beso a la tía marta.
(Reconocemos sus sentimientos) Niño: sí. Mamá: Cuando las personas
van de visita a casa de otra se les da un beso de bienvenida,
aunque en ese momento no se tengan muchas ganas ¿lo sabías? Niño:
No. (Y si dice que sí, es lo mismo). Mamá: ¿vamos pues a darle un
beso de bienvenida a tía Marta?
Normalmente a estas alturas el niño (que ha visto que le han
entendido y que no le han valorado negativamente) suele contestar
que sí. En el hipotético caso de que siga con su negativa podemos
mostrar nuestra disconformidad: Mamá: El hecho de que no se lo des
me disgusta, porque en esta casa intentamos que la gente se sienta
bien. ¿Qué podemos hacer para que tía Marta se sienta bien sin tu
beso? (a lo mejor tía Marta es una barbuda de mucho cuidado y a su
hijo no le apetece darle un beso, pero eso no implica que quiera
que se sienta ofendida). Niño: le diré hola y le tiro un beso.
Mamá: Me parece que has encontrado una solución que nos va a
gustar a todos. ¡Vamos!
5- Las rabietas se pasan con la edad. Es decir, llega un
día en que el niño adquiere un lenguaje que le permite explicarse
mejor que a través del llanto y las pataletas. También llega un
día en que sabe lo que "es" y "quiere" y lo pide sin llevar la
contraria a nadie. Llega un momento en que, si no hemos impedido
sus manifestaciones autónomas y de autoafirmación, tenemos un hijo
autónomo, que sabe pedir adecuadamente lo que quiere porque ha
aprendido que nunca le hace falta pedirlo mal si su petición es
razonable. ¿Cómo hacer que llegue antes este momento en que
finalizan las rabietas? Por una parte hemos de procurar que en la
etapa anterior (la del apego que explicábamos al principio) el
niño esté correctamente apegado: un niño inseguro tardará más en
pasar esta etapa de independencia. Así que si quiere que su hijo
sea autónomo, mímele todo lo que pueda cuando sea pequeño. Para
adquirir la independencia se necesita seguridad y la seguridad se
adquiere con un buen apego. Una vez haya llegado a la etapa de las
rabietas, hemos de intentar que se solucionen cuanto antes. Nada
de esto se dará si coartamos su deseo de separarse de nosotros, ya
que lo único que se obtiene "intentando" que no se salga con la
suya es un niño sumiso o rebelde (depende del tipo y grado de
disciplina o autoridad empleada). Normalmente si les "ignoramos"
suelen volverse más sumisos y dependientes (otro día os explico
los mecanismos psicológicos de ignorar conductas), aunque lo que
vemos es un niño que se doblega y "parece" que mejore en sus
rabietas. Pero la causa que provoca esa rabieta sigue en él y se
manifestará de otra forma (ahora o en la adolescencia). Sé que es
difícil acordarse de todo ante una rabieta infantil. Sé que es
difícil razonar cuando estamos a punto de perder la razón. Sé que
es difícil, y por eso, ante la duda de no saber como actuar,
intente querer a su hijo al máximo porque él lo estará
necesitando, ya que las rabietas también hacen sentirse mal a los
niños.
Quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite" o lo que es lo mismo: "intenta ponerte en mi lugar porque yo también lo estoy pasando mal".