Epidural: riesgos reales para madres y bebés
Sarah Buckley, Brisbane, Australia (Traducido por Shamandala)
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La epidural a menudo enlentece el trabajo de parto y la mujer tiene el triple de posibilidades de necesitar un goteo de oxitocina para acelerar la dilatación (Ramin et al., Howell). El segundo estadio del parto se ve particularmente afectado, lo que conlleva a que la probabilidad de necesitar una instrumentalización del expulsivo (p.ej. fórceps) se multiplique por tres (Thorpe et al.). La madres primerizas se ven más afectadas: elegir anestesia epidural reduce su posibilidad de tener un parto vaginal normal en más de un 50% (Paterson et al.).
Este enlentecimiento del parto se debe en gran medida al efecto de la epidural sobre los músculos del suelo pélvico. Estos músculos guían la cabeza del bebé para que entre en el canal del parto en la mejor posición. Cuando estos músculos no están funcionando adecuadamente, puede producirse una distocia o un lento progreso del parto, siendo necesario usar fórceps para girar al bebé o incluso una cesárea. La epidural duplica el riesgo de sufrir una cesárea por distocia de hombros en el bebé (Thorp, Meyer et al.)
Cuando se utilizan fórceps, o cuando el expulsivo se alarga demasiado, a la mujer suele realizársele una episiotomía: el perineo o los tejidos entre la entrada vaginal y el ano se cortan para ampliar el espacio y acelerar el nacimiento del bebé. Después el corte se sutura, lo que generalmente conlleva dolor hasta que la episiotomía sana, entre 2 y 4 semanas después.
Al tiempo que paraliza o adormece el útero, la epidural puede paralizar la vejiga, impidiendo el paso de la orina, en cuyo caso será necesario realizar una cateterización: se introduce un tubo hasta la uretra para drenar la vejiga, lo que puede resultar doloroso o incómodo.
Otros efectos secundarios de la epidural varían dependiendo de los anestésicos utilizados. El prurito o el picor generalizado de la piel es común cuando se administran opiáceos. Puede ser más o menos intenso y afecta a, al menos, un 25% de las mujeres a las que se les administra (Lirzin et al. & Caldwell et al.) […] El uso de morfina puede contribuir al desarrollo de herpes oral en un 15% de las mujeres (John Paull).
Todas los medicamentos opiáceos pueden causar náuseas y vómitos, aunque estos son menos frecuentes en el caso de la epidural (alrededor del 30% [ibid]) que cuando estas drogas se administran de modo intravenoso o intramuscular, casos en los que se necesita una dosis mayor. Cerca de un tercio de las mujeres a las que se les administra la epidural sufren escalofríos (Buggy et al.), debido al efecto de la anestesia en el sistema de termorregulación corporal.
Cuando el catéter de la epidural permanece puesto por más de cinco horas, puede incrementarse la temperatura corporal (Camman et al.). Esto conduce a un aumento tanto de la frecuencia cardiaca de la madre como de la del bebé, lo que se detecta mediante los sistemas de monitorización. La taquicardia fetal puede ser un signo de distrés y la elevación de la temperatura puede también ser un signo de infección como corioamnionitis, que afecta al útero y al bebé. Esta situación puede conducir a la realización de una cesárea por un posible sufrimiento fetal y/o infección o, en el “mejor” de los casos, a la realización de pruebas al recién nacido como análisis de sangre o fluido espinal y muchos días de separación, observación y posible tratamiento con antibióticos hasta que los resultados estén disponibles (Kennell et al.).
Hay una notable falta de investigación e información acerca de los posibles efectos de la epidural en los bebés. Las drogas administradas mediante la epidural pueden alcanzar niveles tan altos en el bebé como en la madre (Fernando et al.), y debido a la inmadurez del recién nacido, estos medicamentos tardan más tiempo—incluso días—en eliminarse del torrente sanguíneo del recién nacido (Caldwell, Wakile et al.). Aunque los hallazgos no son consistentes, los posibles efectos adversos como aumento de la frecuencia respiratoria en las primeras horas (Bratteby et al.) y el riesgo de bajadas en los niveles de azúcar (Swantstrom et al.) sugieren que estas drogas tienen efectos medibles en el recién nacido.
Aparte de esto efectos, los bebés pueden sufrir de las intervenciones asociadas al uso de la epidural; por ejemplo, los bebés nacidos por cesárea tiene un mayor riesgo de padecer dificultades respiratorias (Enkin et al.). Cuando la monitorización electrónica es complicada, se coloca un pequeño electrodo en la cabeza del bebé, que no solo es incómodo, sino que puede producir infecciones.
También se sugiere que los bebés nacidos después de una epidural tienen dificultadas con la lactancia (Smith, Walker) que podrían ser consecuencia de los efectos de la droga o de cambios más sutiles. Los estudios sugieren que la epidural interfiere con la liberación de oxitocina (Goodfellow et al.) lo que, además de desencadenar el reflejo de bajada de la leche, interviene en el vínculo madre-bebé (Insel et al.).
"Hay una notable falta de investigación e información acerca de los posibles efectos de la epidural en los bebés. Las drogas administradas mediante la epidural pueden alcanzar niveles tan altos en el bebé como en la madre"
"La madres primerizas se ven más afectadas: elegir anestesia epidural reduce su posibilidad de tener un parto vaginal normal en más de un 50% "