Máximas de Ani

(Dinastía XVIII-Egipto)

Duplica los panes que debes dar a tu madre.
Llévala como te ha llevado.
Ha cargado muchas veces contigo,
Y no te ha dejado en el suelo.
Luego que te dio a luz tras tus meses,
Ha ofrecido su pecho a tu boca durante tres años, con paciencia
Te ha llevado a la escuela,
Y mientras te enseñaban a escribir,
Ella se sostenía durante tu ausencia, cada día, con el pan y la cerveza de su casa.
Ahora que estás en la flor de la edad, que has tomado mujer y que estás bien
establecido en tu casa, dirige los ojos a cómo se te dio a luz, a cómo fuiste
amamantado, como a obra de tu madre.
¡Qué no tenga que vituperarte,
ni levantar las manos a Dios!
¡Y qué Dios no tenga que oír su queja!

 

 

Carta de amor a una hija...

Hace meses que prometí escribir sobre el día que llegaste. Quizá por el poco tiempo que tengo desde que lo hiciste, quizá por las muchas horas de sueño que arrastro desde entonces... quizá porque todo ha cambiado mucho en mi en muy poco tiempo y quizá porque no estaba digerido para ser escrito... quizá por eso, ese día es hoy. Porque hoy hace justo un año a estas horas (son las 2:30 de la mañana), estaba metida en el coche rumbo al hospìtal contigo llamando a la puerta.

No sabía qué eras. Me cuestionaba aceptarte. Me cohibí a pensarte. Me negué a aceptar que yo dejaría de ser yo para ser para ti. Quizá por ello, (seguro por ello), no te he escrito hasta hoy.

El día que naciste no fue el día más feliz de mi vida. No lo fue porque la fiebre y el cansancio de tantas horas me tenían la razón mermada, y no lo fue porque al paso de la santísima epidural, aparecieron las secuelas desgarradas que durarían meses.

Sí recuerdo en cambio, aun unidas por el cordón, tus ojos abiertos sobre mi pecho mirándome fijamente y tu mano estrechada diciendo -estoy aquí y vengo para quedarme-.

Mi instinto tardó en llegar. Semanas quizá. Varias. Te admiraba en mis brazos por deformación profesional, no por vínculo. Me hice cargo de cada uno de tus momentos y necesidades... porque así sentía que debía hacerlo, pero confieso con rubor, que con desconfianza. Tardé tiempo. Lo siento. Lo sé. Igual desnaturalizada... igual rara.

Fuimos pasando juntas los días. Sin alejarnos. Sin despegarnos. Día y noche, sol y luna, sin dormir ni otra, ni una. Fuimos conociéndonos, fuimos adaptándonos ambas a nuestro nuevo rol y nuestra nueva vida.

Hoy cumples un año y huele el horno a pastel de chocolate. Hoy cumples un año y tu extraña madre, esta noche cuenta su parto, porque hoy por fin, lo da por concluido.

Agradezco tu paciencia y me enorgullezco al mirarte, de sentirme elegida por ti. Has cambiado mi vida, pero no te cambio por nada.

"Mamá" es la única palabra que pronuncias hasta ahora, e "hija" es la palabra que ahora yo, hoy por fin, ya puedo decir.