Parto en casa.
Reflexión de Sheila Kitzinger
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Independientemente de que un parto sea fácil o difícil, doloroso o sin
dolor, largo o corto, no necesita ser un evento médico. No debería ser
atendido como si se tratara de sacar una muela, porque el nacimiento
tiene una significación mucho más profunda que la de "sacar" a un bebé
como si se extrajera un molar del cuerpo de una mujer. El amanecer de la
conciencia de un ser humano que abre los ojos al mundo por vez primera
es un acontecimiento lleno de significado para sus padres, y puede serlo
para cualquiera que comparta esta gran aventura con ellos.
Hay muchas mujeres que anhelan ser ellas, y no los médicos, las que controlen sus partos. Quieren disponer de la información necesaria que les permita tomar sus propias decisiones, prepararse para una expriencia en la que desean participar plenamente y no desean que sus partos sean controlados por ningún "director".
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Saben que es más fácil dar a luz en su propio terreno, en un lugar en el
que el médico y la comadrona son invitados. Prefieren dar a luz fuera
del hospital. Puede ser en su propio hogar, o en una casa de nacimientos
donde los ritmos de cada nacimiento son respetados y donde se mantiene
una actitud no intervencionista en la que el centro de atención son las
personas y no los procesos mecánicos.
Existen hospitales donde todo el personal comparte esta actitud, pero
son pocos y suelen estar lejos. Además, es suficiente con una persona
que no esté en sintonía con estas ideas, que crea en el control agresivo
del parto, que en lugar de ver a la mujer como una clienta la trate como
a una paciente que debe obedecer los protocolos del hospital; una
persona ansiosa y temerosa que no confía en el cuerpo de la mujer, para
que el ambiente en el que tiene lugar el nacimiento esté "envenenado" y
no sea el adecuado para lograr la concentración y la confianza interior
necesarias para un buen parto. |