Cesárea: Cuándo Sí y Cuándo No
Indicaciones Absolutas:
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Prolapso de cordón: después de la rotura de aguas, el cordón puede deslizarse a través del cuello y aparecer en la vulva, comprimiendo los vasos que aportan sangre al feto. ES MUY RARO EN BEBÉS A TÉRMINO CON PRESENTACIÓN CEFÁLICA SI LA BOLSA NO SE ROMPE ARTIFICIALMENTE, pero es una indicación absoluta de cesárea urgente.
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Placenta previa: la placenta tapa completamente el cuello, impidiendo la salida del bebé. Son MUY RAROS los casos de AUTÉNTICA placenta previa y el diagnóstico adecuado sólo puede hacerse al final del embarazo.
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Desprendimiento prematuro de placenta (hematoma retroplacentario): la placenta se separa parcial o totalmente de la pared uterina antes del nacimiento del bebé.
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Presentación de frente: posición intermedia entre la presentación habitual (flexión completa) y la presentación de cara (extensión completa). En esta presentación, el diámetro de la cabeza del bebé es el mayor posible y es indicación absoluta de cesárea, aún cuando el parto esté muy avanzado.
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Presentación de hombro (Transversa): el bebé está en posición horizontal. Si la mujer es multípara es probable que el bebé se coloque de cabeza al final del embarazo o principio del parto.
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Paro cardíaco.
Indicaciones discutibles
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Cesárea anterior: un intento de parto vaginal después de cesárea tiene éxito en un 70-80% de mujeres aproximadamente. Hay baremos que permiten predecir las posibilidades de éxito y dar una respuesta personalizada. Cuanto más alta es la puntuación obtenida, más probabilidades de éxito. Las posibilidades oscilan entre un 49% para mujeres que obtienen puntuaciones de 0-2 y de un 95% para las que obtienen puntuaciones de 8-10.
- El número de cesáreas anteriores NO es un factor significativo.
- El riesgo de rotura uterina durante un intento de parto vaginal después de cesárea es de 1 por cada 200 si el parto NO HA SIDO PROVOCADO. El riesgo se multiplica por 15 si se provoca el parto con prostaglandinas. También se dan casos de rotura en un porcentaje de 0,1 o 0,2% después de cesárea repetida sin inicio de trabajo.
- Los riesgos aumentan después de los 35 años, si después de la cesárea anterior hubo fiebre o si el intervalo entre los dos partos es inferior a 18 meses.
- Las suturas con puntos separados dejan mejores cicatrices que las grapas. Hoy en día se pueden utilizar técnicas ecográficas para evaluar la calidad de la cicatriz uterina.
- La calidad de la cicatriz uterina es mejor cuando la cesárea anterior se realizó con cierto grado de dilatación del cuello del útero. -
No progresión del parto (distocia dinámica): estos “defectos de progresión” se relacionan habitualmente con ideas falsas sobre la fisiología del parto.
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Desproporción cefalo-pélvica: la cabeza del bebé es demasiado grande para la pelvis materna. Se trata de un concepto vago, porque la adaptación de la cabeza del bebé a la pelvis depende en gran parte de su posición y de la manera en que se modela durante el parto.
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Sufrimiento fetal: es una noción bastante imprecisa, ya que NO todos los profesionales recurren a los mismos criterios para establecer este diagnóstico. La causa actual más frecuente de partos difíciles es provocarlos artificialmente.
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Fibromas y quistes ováricos: sólo si son voluminosos y bajos e impiden o dificultan la salida del bebé pueden ser indicación de cesárea.
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Rotura del esfínter anal en partos anteriores.
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Parto de nalgas: una de las estrategias más frecuentes para evitarlo consiste en intentar hacer girar al bebé tres o cuatro semanas antes de que llegue a término. Aunque, si tenemos en cuenta la incomprensión general del proceso fisiológico, hay que aceptar que hoy es preferible traer al mundo a un bebé que viene de nalgas con cesárea en vez de intentar un parto vaginal con la asistencia de un personal inexperto y muerto de miedo.
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Madres seropositivas.
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Virus del herpes: la mayoría de los casos se dan en mujeres que sufren recurrentemente esta enfermedad. En estos casos, los riesgos de transmisión son casi nulos, porque la madre ha tenido tiempo de fabricar anticuerpos IgG que atraviesan la placenta y protegen también al bebé. Los riesgos mayores se presentan si el herpes aparece durante el embarazo, puesto que la madre sólo desarrolla anticuerpos IgM que no atraviesan la placenta.